Gracias a la vida por haberme dado lo más precioso.
Te quiero mucho.


No vivo en los mundos de Yupi.
No creo que la realidad sea flores y mariposas.
Nada es perfecto.
No soy tan naif
aunque lo parezca.
Sé bien que en todo hay una herida,
un vacío de amor.
Una soledad profunda
donde nadie puede llegar.
Una intimidad última
imposible de invadir.
Yo misma lo he descubierto:
un veneno que me penetra
desde la infancia hasta ahora
y que persiste en su absurdo.
¿Cómo es posible que un dolor tan grande
nazca de los vínculos más estrechos,
de aquellos en los que deposité mi confianza
y mis seguridades?
¿Qué nivel de conciencia,
de intención
y de toxicidad es real?
¿Cómo encontrar el punto medio
en esta tensión ponzoñosa
entre permanecer
y salir corriendo?
No soy una víctima.
O todas lo somos un poco.
Mucha es mi fortuna
y esto no es una queja.
Reconozco que mi lengua
no es puñal,
quizás sí mi silencio
y la distancia que necesito
para no caer en prisiones ajenas
ni en palabras que infrinjan
un daño mayor.
Nadie lo sabe.
O tal vez sí,
pero una muralla de helada indiferencia
ha impedido la construcción de puentes.
¿Cómo es posible?
Se puede defender lo indefendible.
(¿Se puede defender lo indefendible?)
No lo juzgo
-o al menos, lo intento -:
"todas tenemos lo nuestro".
Puede que no estemos preparadas.
Nadie lo creería.
Pero yo lo sé,
lo siento,
como un agujero negro
en el centro del pecho.
Y ya se sabe cuál es la naturaleza
de esas grandes masas de oscuridad.
Miro lo que mira.
Un insecto volador se mueve por los adoquines sin levantar el vuelo.
Se da cuenta de que la observo.
Señala con el dedo al himenóptero
y ríe, divertida.
Le devuelvo la sonrisa con ternura.
Una anciana plantada en mitad de la acera.
Sosteniendo el peso del mundo.
Admirando la realidad insignificante,
todavía descubriendo la belleza,
incluso en lo deleznable.
"¿Por qué he tardado tanto en comprender
mi lugar en la vida junto a aquellos
que habitan en los márgenes?
Una luz cegadora me mostraba espejismos."
- Víctor Herrero de Miguel -