martes, 12 de diciembre de 2017

De cuevanos y otros ciudadanos de las aceras

"Dicen que fue en este valle,
el lugar del Paraíso
y que Eva por aquí andaba
con Adán buscando un piso.
Y al no encontrar vivienda,
ni protección oficial,
una cueva en estos montes
se pusieron a excavar.
Ha llegado hasta nosotros
lo que Adán le dijo a Eva:
'Teniendo cueva y contigo
qué me importa a mí que llueva"
                                                                              a. lombardo

Este puente de diciembre ha traído consigo un regalo muy especial por el cual me siento tremendamente agradecida. He pasado una semana en Granada con una comunidad religiosa llamada Hermanitas/os del Cordero, que conocí cuando estudié mi último año de carrera allí. La comunidad se dedica a la oración, pero también se abre a la misión, para ofrecer amistad y acogida a quien la necesite y acepte, especialmente a tantas personas que habitan las periferias de la ciudad. Su lema es "Heridas, no dejaremos jamás de amar" y su carisma se traduce en ser luz en la noche del mundo.

La pobreza contenida entre las cuatro paredes del pequeño monasterio es difícil de llevar y aún más complicada de amar al principio, pero poco a poco te acostumbras al frío y a otras incomodidades. Creo que nunca había echado tanto de menos una ducha, un colchón y una buena calefacción. Sin embargo, esta ausencia de confort es una llamada apremiante a la sencillez y te invita a ponerte en el lugar de tantas personas que duermen en las calles o buscan refugio en las cuevas granadinas. L@s cuevan@s no tienen electricidad ni agua corriente, salvo quienes poseen el lujo de una cueva acondicionada como vivienda. 

Durante estos días, hemos compartido momentos y alimento con todo tipo de personas, de todo origen, creencia y condición. Ha sido una experiencia ensanchante y de enorme riqueza cultural: la convivencia, la unidad en la diversidad, la tolerancia, la alegría, el cuidado, tanta verdad y libertad... La esperanza se hace presente en esos instantes. ES POSIBLE. Es posible cohabitar, cooperar, amar al diferente. Es posible la sintonía, estar en armonía, de corazón a corazón. Porque hay lenguajes que, como la música, son universales.

La gente bonita, más allá del aspecto físico, tiene una mirada llena de bondad, una autenticidad que inspira, una nobleza que atrapa y una inocencia que desborda, de la que ni siquiera son conscientes. La gratitud me inunda. Gracias a las/os hermanitas/os y a esa gente he descubierto que existe una vida en total coherencia con quien soy realmente. Gracias por tantos instantes fraternos: en el Huerto de Carlos, el Mirador de San Nicolás, los jardines del Triunfo, etc. Gracias, gracias, gracias.

Granada es una ciudad preciosa como pocas, bien lo saben l@s turistas que la recorren en todas las épocas del año. Lo que casi siempre ignoran es que lo más bello de la ciudad se encuentra escondido bajo tierra en agujeros en la roca y cerquita del suelo, donde a menudo pasa desapercibido.
***

A Sergio, otra vez.

* He modificado los nombres de las personas que aparecen.

Seis años más tarde desde que te conocí en la plazoleta de Gran Capitán, he vuelto a Granada. Regresar siempre significa buscarte y, aunque ya no estés, te sigo reencontrando en otros rostros.

En Borja.
Un gaditano nacido en Francia que ante un cúmulo de circunstancias adversas, se refugia en una cueva en el Barranco de los Naranjos. Veo en él tu misma mirada triste, igualmente auténtica. Y rezo por lo mismo: que no caiga en la desesperación.

En Gerardo.
Creador de la cueva social donde acoge a Borja, a dos veinteañeras hippies y a todo aquel que no tenga donde refugiarse frente a la ola de frío siberiano. En él, reconozco tu búsqueda de plenitud y tu generosidad. A veces, temo que todo eso sea devorado por el monstruo de la droga que arrasa con lo que pilla en aquella zona.

En Bettina y en Samantha.
De Alemania y Austria, respectivamente. Cuevanas por el tiempo que dure su estancia en Granada. En ellas, estás en sus deseos de libertad y de paz. Samantha lo dejó todo en su país para iniciar un proceso de aprendizaje para la creación de una Ecoaldea. Pudimos acompañarla a un pueblito de Granada (Pinos Puente, creo) donde se desarrolla una idea similar y quedó encantada. Bettina me recuerda a ti por su apertura mental y sensibilidad por la música. Ella toca el djembe y tú, la flauta. No sé si practicaban alguna religión, pero Bettina era muy espiritual y asistió a la mayoría de las oraciones, incluso aguantó como una jabata una vigilia de cuatro horas y como se hizo tarde, se quedó a dormir entre nosotras. Moló mucho.

En Afon.
Cuevano de San Miguel Alto desde hace cuatro años, viviendo una filosofía unida a la música, que a su vez, combina con lo natural y la Madre Tierra. Afon, al igual que tú, es un espíritu inquieto. No se detiene y, aunque es originario de Gales, ha viajado por medio mundo. La simplicidad de su persona eclipsó al sol aquel día cuando lo conocimos en el Cerro. Le ofrecimos comer con nosotr@s y allí que se quedó, sentado en la tierra con vistas a Sierra Nevada, compartiendo un rato y transpasándonos el corazón.

¡Y cómo no mencionar a José, el cuevano!
También del Cerro de San Miguel. Tú estás en su amabilidad y en su acogida sin intereses. Nos habíamos perdido en la subida y l@s habitantes de las cuevas nos indicaban que siguiéramos ascendiendo por esos empinados caminos de barro. Eran las tres y media del mediodía, el sol pegaba fuerte y nosotr@s sin comer, cargad@s con mochilas, abrigos y bufandas en los brazos. Y apareció él. Un ángel desgarbado.
José, agnóstico desde los trece. Al inicio, se mostró distante, pero no juzgó nuestra variopinta comitiva y se ofreció a guiarnos. Catalán, de rostro demacrado y piernas delgaduchas, pero fuertes, de subir y bajar por las cuestas del Albayzín y Sacromonte. Su cueva, un agujero que ha cubierto con maderas y telas raídas. Al final, se abrió a la confianza y nos contó cosas de su familia, incluso aceptó que su madre desde el cielo, sonreiría al verle con monjitas.
Fue José quien nos condujo hasta Benjamín, un amigo de la comunidad del que hacía tiempo que no se tenían noticias.

En Benjamín estás de manera doliente, despiadada y enferma.
Benjamín tiene en los ojos el cielo despejado que se difumina sobre la Alhambra en los días soleados. Sus manos están negras y su cueva vacía. Por alguna razón desconocida e irracional, ha cambiado la caverna por las aceras. Y pasa noche y día bajo los porches de unos locales del Ayuntamiento en Plaza Aliatar. Con su brick de vino y unas cuantas mantas para resguardarse del frío. Entre bromas y comentarios varios, en un momento de lucidez, nos explica que espera a la muerte.

No soy capaz de hallar consuelo ante esta situación. Benjamín vive una noche perpetua, no obstante, sabe -si su mente le da un respiro- que si desciende por las calles hasta el centro de la ciudad, va a encontrar una mesa abierta, cariño, un trato digno de igual a igual y un lugar para la esperanza.

En Jerónimo.
Estás en su arte y en su forma de hablar espontánea, sin filtros. Una aspirina para el alma. Jerónimo reside en una cueva cerca de la Fuente del Avellano. Allí lo conocimos la mañana heladora que fuimos a "podar" algunos árboles porque necesitábamos las ramas. Días después, recibimos a Jerónimo en nuestra mesa, donde compartimos unas migas y conversación.

En Perico es fácil reencontrarte con tu pureza e inocencia.
Perico vivía en el Poblado (Almanjáyar). Familia de etnia gitana. Él con una discapacidad mental. Cuentan que parecía un animalico. Uñas kilométricas, en la barba espesa quedaban restos de lo que había comido la semana anterior y no decía palabra. Por suerte, encontró el apoyo suficiente, se le soltó la lengua, se afeitó y ahora va limpio y aseado. Incluso recibe clases para recordar cómo se realizan las operaciones matemáticas básicas y algún conocimiento más. Reside en una pensión del centro con un maravilloso patio andaluz y sus tardes transcurren sumergidas en las aventuras de los dibujos animados que echan por la tele.

En Fares. 
Un aficionado al Real Madrid C.F y que, de vez en cuando, duerme en Gran Vía.
Tu sed de ternura está en él y en su emoción cuando nos detuvimos a charlar con él (lo que no supo es que lo andábamos buscando, preocupadas por su estado).

Aunque te parezca mentira, también estás en Irene con su perrico, Mariano Rajoy. Y en Jorge, un sevillano que mendiga en el Coviran de San Juan de Dios, a la espera de que le llamen del PTS para una intervención de cadera. ¡Menudo ejemplo de buen ánimo!

Y en Manolo, un gran mago callejero que, según él mismo, tiene un andar de marca blanca. ¡Hace unos trucos chulísimos!! Su sueño es cambiar la Ley de Protección de Datos, así que estad atent@s a Change.

Y en Carlos, un antiguo legionario, que ha trabajado de todo y sueña con vivir en la costa malagueña. Me contó que había tenido una experiencia en una comuna en un pueblo al norte de Navarra, cuyo nombre no me sonaba de nada. "Pero tú, ¿eres de Pamplona?" Y a mí se me quedaba cara de tonta. Pero bien.

Y en J.A que no falla y siempre acude a la mesa abierta y me comenta que tiene familia en la ribera navarra.

Y en Alfredo, que está enfadado porque invitamos a cualquiera al refectorio, hasta a quienes no han trabajado en su vida y eso que Alfredo tampoco lo ha hecho. Pero le queremos así, tal y como es.

En tantos amigos que no vi en esta ocasión, pero que siempre llevo conmigo: Luis, Manuel, Aristo, Ángel, Limón, Mostapha...

Tú estás en todos ellos porque son gente bonita como tú. Y toda belleza es reflejo de una belleza superior y suprema, la de un Dios que es Mendigo, que recorre una distancia infinita de abajamiento para situarse a nuestro lado, como uno más.
Aclaro: no tod@s l@s morador@s de las cuevas son personas desahuciadas. Much@s eligen ese estilo de vida.
(El artículo es de 2013)

"A mí me lo hicisteis" (Mt. 25, 40)

"Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad
derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad.
Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio,
sin 'peros' ni 'condiciones':
son manos que hacen descender sobre l@s herman@s
la bendición de Dios"
- Fragmento del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de l@s pobres (19 de noviembre de 2017) -

GRACIAS POR SER MI ACEITE, MI CONSUELO Y MI ESPERANZA.

"Sobre la brusca tierra, así tallada,
encontraréis mi casa troglodita:
es un recodo claro que limita
con el silencio y con la madrugada"
                                                             a.l

viernes, 17 de noviembre de 2017

Tragicomedia social (aunque yo soy optimista)

¿Alguien me puede explicar el porqué del incremento de los discursos de odio? ¡Las redes arden, las familias se dividen, las amistades se disuelven, los países entran en guerra y la sociedad se afana en esclavizarse y adorar una idea como si fuera absoluta.

No sé puede querer a todo el mundo ni con toda la gente se va a compartir gustos, aficiones o ideales, pero ¿ese desprecio extremo hasta la violencia? ¿Ese deseo de aniquilar a la/s otra/s parte/s? En serio ¿no tenemos otra cosa mejor que hacer?

El odio es un sentimiento intenso y duradero, que nos embriaga porque sentimos que se nos ataca personalmente. No odiamos la maldad de una persona, odiamos a esa persona porque- para nosotr@s- es mala. Focalizamos tanto la atención en lo malo que nos impedimos ver lo bueno. El odio ciega, mientras que el amor es siempre clarividente.

No creo que el odio sea un sentimiento malo de por sí porque nos nace natural, lo que me preocupa es la voluntariedad con la que odiamos. Sabemos que odiamos y queremos seguir haciéndolo, llevándonos por delante a quien sea necesario. Y a veces, resulta incoherente: "Odio a las personas homófobas porque no respetan a las personas homosexuales. Vamos a odiar a l@s musulman@s porque son tod@s un@s homófob@s". Y es un ejemplo. También es verdad que hay algunos discursos de odio menos tolerados que otros y que hay sensibilidades excesivamente irascibles. Pero no empecemos a generalizar y a dejar de ver a las personas porque sólo veamos ideas, por favor.

La realidad es que existen ideas que son radicalmente negativas, es verdad y duro de asimilar en esa sociedad relativista. La tortura a cualquier ser vivo o el asesinato, son algunas de ellas. 

Hace poco me contaron que, en una entrevista a un miembro de la banda terrorista ETA que había matado a un empresario, le preguntaron si se arrepentía de haber matado a una persona y él contestó que no, porque no había asesinado a una persona, sino a un empresario. Es un ejemplo claro de cuando el odio derivado de una ideología nos quita visión.

"Conócete, acéptate, supérate" (S. Agustín)
Y claro, también está el argumento de la libertad de expresión. "Puedo entrar desnuda a una iglesia en medio de la misa para manifestarme porque soy libre de expresarme". No, no puedes hacer lo que te venga en gana. Entiendo que la libertad de expresión es otra cosa y siempre que existe violencia, se deja en evidencia que se han traspasado los límites de la libertad individual. Sé que hay mucha gente que no piensa así, que cree que para conseguir algunas cosas es necesaria la aniquilación del otro bando y pasarse sus derechos por el forro, pero es un error. Y es que el odio se manifiesta en la falta de aceptación. Que cada cual se examine interiormente cómo le deja eso, pero no se puede exigir tolerancia si no se ofrece.

Hay un tema con el que me cuesta canalizar mi agresividad y es el de la violencia machista, la prostitución... y todo lo relacionado con la desigualdad de género. Me lo estoy trabajando, pero es difícil, sobre todo cuando estás convencida de tener la razón. Sin embargo, intento que mis ideas no supongan un mal para el resto, que promuevan cosas buenas y justas. Estoy en ello, porque a veces no se puede ser pedagógica.

Que si ser de izquierdas o ser de derechas; monarquía o república; que si creer en Dios significa ser homofóbic@; que si eres feminista no puedes ser provida o que si eres provida no puedes ir a las manis lilas; que si las personas migrantes son unas vagas que subsisten con ayudas sociales; que si tal etnia; que si las personas con discapacidad; que no al hiyab pero sí al bikini; que si las banderas; que si eres separatista mereces la hoguera y si amas tu país, te crucifican por facha; que si es gord@... o flaco; pero es pobre; que si la dieta vegana, las peleas entre hinchas de equipos de fútbol masculino... bla bla bla. 

La mejor gente es la sencilla y la gente sencilla es rica y pobre; del sur o del norte; de piel amarilla, negra o roja; de derechas y de izquierdas; agnóstica o religiosa, de playa nudista o de burkini; de cualquier orientación sexual y dietas diversas. ¿En serio hace falta recordar nuestra dignidad intrínseca? ¡Que la otra persona no piensa como piensa para fastidiar, sino porque cree que es lo mejor! A pesar de todo, está guay que se debata, que haya conflictos para seguir evolucionando, pero nunca faltas de respeto.

Quiero denunciar el mal uso que se hace de las redes sociales, donde amparad@s por el anonimato y alentad@s por la pertenencia a distintos grupos se cometen auténticas barbaridades. 

Si el amor es clarividente y el odio focaliza la mirada en lo negativo, la indiferencia es el no querer mirar. Por eso, tenemos que tomar conciencia.
Es un problema cuando la indiferencia nos lleva a ser frí@s y cómod@s ante los grandes problemas del mundo. Cuando hablo de mundo, me refiero a la guerra de Siria, las personas retenidas en los CIEs en España y la situación de mi vecina del quinto que se ha divorciado y no tiene empleo. 

¿Preferimos ocuparnos en otras metas más rápidas? ¿De verdad nuestro objetivo es ser mediocres? Creo (y espero) que no. 

No podemos comprometernos con todo y que empatizar demasiado con todas las situaciones nos impediría disfrutar de la vida. Desear hallar el punto medio entre estos dos extremos es un buen inicio. Y seguir formándose y educar. 

Debemos buscar un interés que nos motive a actuar de cara al exterior, un interés contrario al aburrimiento que nos pliega alrededor de nuestro ombligo. Cualquier cosa que nos parece interesante nos despierta una exigencia, un deseo que nos conduce a salir de nosotr@s. 

ODIO. ABURRIMIENTO. INDIFERENCIA. Los tres lados del triángulo del mal.

AMOR. RESPETO. INTERÉS. CREATIVIDAD. COMUNIDAD. Las cinco patas donde asentar la vida.

¡Ánimo! Nos nos dejemos engatusar por aquellos cantos de sirenas que nos inducen a tirar por la borda y despreciar las pequeñas acciones cotidianas a favor de la PAZ. 

"Sin embargo, el derecho, con ser imprescindible, no basta. Porque el conflicto entre libertad de expresión y discurso del odio no se supera solo intentando averiguar hasta dónde es posible dañar a otros sin incurrir en delito, hasta dónde es posible humillar su imagen sin llegar a merecer sanciones penales o administrativas. En realidad, las libertades personales, también la libertad de expresión, se construyen dialógicamente, el reconocimiento recíproco de la igual dignidad es el auténtico cemento de una sociedad democrática. Tomando de Ortega la distinción entre ideas y creencias, que consiste en reconocer que las ideas las tenemos, y en las creencias somos y estamos, podríamos decir que convertir en creencia la idea de la igual dignidad es el modo ético de superar los conflictos entre los discursos del odio y la libertad de expresión, porque quien respeta activamente la dignidad de la otra persona difícilmente se permitirá dañarla. (...)

Cultivar un êthos democrático es el modo de superar los conflictos entre la libertad de expresión y los derechos de los más vulnerables. Porque de eso se trata en cada caso: de defender los derechos de quienes son socialmente más vulnerables y por eso se encuentran a merced de los socialmente más poderosos." - Adela Cortina (Artículo completo aquí)

miércoles, 4 de octubre de 2017

Hermano Francisco: hermano universal

Paz y Bien

El verano había acabado. Un sol de otoño se filtraba entre las ramas de los árboles que comenzaban a desnudarse. La tierra se cubría de hojarasca y todo el paisaje quedaba teñido de naranjas y amarillos. Apoyada sobre una roca, lo contemplé mientras me deleitaba con el canto alegre de los jilgueros que por allí anidaban.

De pronto, un crujir de hojas secas se unió al resto de sonidos que emergían de la naturaleza. Vi primero sus pies sucios, calzados por unas sandalias desgastadas. Vestía de hábito y un cordón de tres nudos se balanceaba al ritmo de su paso. Mostraba un semblante sereno y sus ojos brillantes irradiaban paz y una pizca de picardía. Sonrió con la inocencia de un niño al que se le ha pillado en una travesura y abrió sus brazos para acogerme en su abrazo de papá. Sentí el tacto áspero del tejido en mi mejilla y la calidez de su corazón apasionado. Supe entonces, como si la brisa suave me lo revelara en un susurro, que Francisco llevaba mucho tiempo paseando por aquellos lares, esperándome y buscándome.

Caminamos por el bosque. Él me llevaba de la mano de tal modo que hasta las más escarpadas pendientes y los más resbaladizos terrenos, se me hacían fáciles como praderas. 

Durante un rato, Francisco permaneció en silencio, sumido en sus pensamientos, seguramente en conversación con el Creador de todo cuanto a nuestro alrededor habitaba y se movía. No me incomodó aquella ausencia de palabras, por el contrario, disfrutaba de la compañía. Como cuando estás con alguien con quien te sobra confianza.

El Hermano de Asís sonreía todo el tiempo y no hay adjetivo para definir esa sonrisa. Después, ¡arrancó a cantar! ¡y lo hizo en francés! ¡Estás loco, Francisco! Por esto y, sobre todo, por tantas otras cosas. ¡Qué libertad la tuya! ¡Qué sencillez! En su canto, me pareció descubrir el alma simple del más pequeñuelo de los hombres. 

A continuación, en un claro, divisé una humilde casita. Francisco me invitó a compartir su mesa. ¡Qué sorpresa la mía cuando advertí que allá dentro no sólo había frailes, sino también familias, mujeres y hombres de toda clase y condición y muchos niños y niñas!

Francisco reía, lanzaba guiños, bromeaba con los hermanos, les ponía una mano en el hombro y les miraba con una ternura fuera de serie. Las niñas y niños montaban algarabía y Francisco participaba de sus juegos a carcajada limpia.

También estaba Francisco sentado al lado de las personas mayores, algunas enfermas, tomando sus manos dulcemente, encorvado, en actitud de paciente escucha. Asimismo, sorprendí a Francisco en un rincón, junto a un ángel harapiento y descalzo, le entregaba sus sandalias con un gesto reverente. Y así siempre. No obraba grandes milagros, innecesarios para quien cree, sino que tenía mil gestos y mil detalles para cada persona.

Antes de que terminase mi sueño, nos encontramos de rodillas ante el Cristo de San Damián. Francisco pronunció mi nombre. "...¿A quién quieres seguir? ¿Al Señor o al siervo?" Se levantó y me dejó a solas con la pregunta que (a) él se (le) hizo de más joven. Jesús me observaba desde el crucifijo, con una mirada sin juicios y libre de prisas, pero a la espera.

Y creo que ahora ya sé cual es mi respuesta.


CÁNTICO DE LAS CRIATURAS
Altísimo, omnipotente, buen Señor, 
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición. 
A ti solo, Altísimo, corresponden, 
y nadie es digno de hacer de ti mención. 

Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, 
especialmente el señor hermano sol, 
el cual es día, y por el cual nos alumbras. 
Y él es bello y radiante con gran esplendor, 
de ti, Altísimo, lleva significación. 

Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, 
en el cielo las has formado 
luminosas y preciosas y bellas. 

Loado seas, mi Señor, por el hermano viento, 
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
 por el cual a tus criaturas das sustento. 

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, 
la cual es muy útil y humilde 
y preciosa y casta. 

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego, 
por el cual alumbras la noche, 
y él es bello y alegre y robusto y fuerte. 

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra, 
la cual nos sustenta y gobierna, 
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, 
y soportan enfermedad y tribulación. 
Bienaventurados aquellos que las soporten en paz, 
porque por ti, Altísimo, coronados serán. 

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, 
de la cual ningún hombre viviente puede escapar. 
¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!: 
bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad, 
porque la muerte segunda no les hará mal. 

Load y bendecid a mi Señor, 
y dadle gracias y servidle con gran humildad.
- Francisco de Asís- 
Bienaventurado el siervo que guarda en su corazón los secretos del Señor (XXVIII Admonición)

"Francisco (...) no hay laicado que se resista a tu doctrina de sencillez. Tu universalidad inevitable es el hallazgo de lo pequeño. Si las grandes cosas transcedentales son las que separan y atrincheran a las personas, tu reinado de las pequeñas cosas vale para todos y se difunde sin obstáculos. Adonde no llegue tu apostolado ardiente, llegará sin duda tu hermandad de lo pequeño. Hermana flor, hermano lagarto... No hay cosa que se resista a esta apelación directa y simple. (Paco Umbral) 

Es cierto: quizás Francisco es hermano universal porque es aliado de lo simple, de lo humilde, de lo pequeño. Es evidente que lo grande nos atrae, que el brillo nos emboba, que los honores nos tientan siempre. Pero muchas personas encuentran el gozo en lo cotidiano, en lo oculto, en lo sencillo. Y ese es el reino de lo verdadero. (...) La hermandad de lo pequeño es lo que aglutina a los sencillos, a los humildes, a los pobres. Ellos no lo saben, pero la fuerza de los pocos es muy grande y la potencia del amor es capaz de promover revoluciones.(...)

No hay forma de amor más potente que el recorrido por los caminos de la sencillez. Es lo que nos hace salir de la opresión y de la vulgaridad. Sin otro don ni mérito ante Dios y ante las personas, un amor así, irrazonado y universal, redime y justifica. (...) 

Al santo de lo pequeño encomienda el franciscano o franciscana a todos los pequeños, a los descartados, a los excluidos, a los que ya no son parte del sistema ni como pobres siquiera, porque han sido excluidos por él. Y desde la certeza de la fe de Francisco, a los hermanos y hermanas de lo pequeño, se les puede decir que el futuro les pertenece y que sus lágrimas no han sido en vano." - Fidel Aizpurúa

Fraternidad          Libertad         Minoridad       Verdadera Alegría                                   

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viernes, 1 de septiembre de 2017

Carta de una trabajadora social

Querida población universal, afincada en España (y especialmente en Navarra),

El motivo de esta carta es meramente informativo.

Deben uds. saber que los Servicios Sociales de Atención Primaria existen para brindarles acogida, apoyarles, derivarles a otros recursos, orientarles y proporcionarles información básica sobre las prestaciones sociales que gestionan. 

Deben tener muy en cuenta que, aunque algunas de estas prestaciones pueden solicitarlas como derecho subjetivo, es decir, las/os trabajadoras/es sociales (no asistentas/es) tenemos la obligación de tramitarlas a pesar de que no cumplan requisitos, si así nos los piden uds.; muchas otras no son su derecho, somos las/os profesionales de lo social quienes valoramos qué puede ayudarles en su proceso de incorporación sociolaboral y familiar, dependiendo de la problemática. Somos nosotras/os y no uds. quienes lo valoramos. Tampoco pueden exigirlas.

Personas que escuchan por 1º vez en su vida la palabra "NO"
Asimismo, les informo de que las/os profesionales de los Servicios Sociales de Atención Primaria somos simples mediadoras/es, por tanto: si se les deniega una prestación, poco más podemos hacer. Nosotras/os hemos cumplido con nuestra función enviando la solicitud con su documentación adjunta, en la mayoría de casos, con su correspondiente informe donde queda constancia de la situación que nos han referido en entrevista previa. Y sobre todo, que si les piden más documentación para resolver las ayudas económicas, ¡no la tomen con nosotras/os! porque son indicaciones de arriba. Y si no quieren presentar “los papeles” porque es un rollo y ocupa demasiado su tiempo como personas desempleadas, ¡está bien! Uds. verán lo que hacen. A mí ni me va ni me viene. Simplemente, aténganse a las consecuencias de sus actos.

¡Ah! Porque -por cierto- los Servicios Sociales no están para solucionar su vida. Sus hijas/os son responsabilidad principalmente suya, al igual que sus errores y circunstancias pasadas, que no entramos a juzgar. ¡Qué más quisiera yo que tener las llaves de miles de millones de viviendas recién construidas y que cumplan con las condiciones que necesitan o tener todas las ofertas de empleo a las que les gustaría acceder! Pero no soy la genia de la lámpara. Y la coyuntura actual es la que es. Y las leyes del momento son las que son. Muy a mi pesar.

Como cuando esperan que te saques de la manga la solución de todos los problemas

Querida población española,
Deben uds saber que las personas migrantes tienen que cumplir con los mismos requisitos y deberes que uds y que una persona recién llegada no tiene derecho a prácticamente nada. Pero que muchas veces son esas personas que no tienen derecho a nada, quienes mejor cumplen con sus deberes de civismo y se la pelean por conseguir un empleo de lo que sea, que no se avergüenzan de tener que ir a un comedor social, que van con la verdad por delante y que insisten de una manera pacífica y no exigente. Que las ayudas de todo tipo se determinan según los miembros de la unidad familiar y me parece que esto es bastante lógico (y sí, también dan más puntos para conseguir una VPO, ser familia numerosa. Así están las cosas), aunque a algunas personas les genere un sentimiento de rabia con una pizca de envidia. Es lo que hay.
Cuando la próxima cita es el/la usuari@ conflictiv@

Deben todas y todos ustedes saber que no nos chupamos el dedo. Que si ud. lleva 5 años en Madrid y de repente le da por venirse a Navarra- y no tiene un argumento sólido- no está con una mano delante y otra detrás, aunque nos quiera hacer creer eso (y si además resulta que es extranjero/a y no ha aprendido castellano en ese tiempo... apaga y vámonos). Que si rechaza todos los recursos que ofrecemos, menos la ayuda económica, comenzaremos a sospechar. 

Que sabemos toda la mafia que hay con el tema del empadronamiento y que si no hubieran eliminado el informe social para la solicitud de ciertas prestaciones, a más de una familia le iría a visitar la policía municipal (algunos/as podrán darle las gracias a la nueva ley por eso, pero les aviso que el año que viene se va a complicar muy mucho... o eso dicen). Sí, señores y señoras. Que la corrupción no sólo se da en las altas esferas, sino también en las más bajas. 
Como nos ven algun@s a l@s Trabajador@s Sociales

Ser trabajadora social es el empleo peor pagado de la historia, pero lo llevamos con filosofía. Sabemos que si a una persona le has gestionado todo a lo que tiene derecho y alguna cosilla más de modo excepcional, pero no le tramitas justamente lo que esa persona quiere- o bien porque no se puede o bien porque no se valora-, o no le atiendes sin cita porque tienes a otro/a usuario/a esperando, las malas lenguas dirán que eres un demonio metido en el cuerpo de una trabajadora social. ¡Qué le vamos a hacer! Es lo que hay.

Según la RAE, autonomía es “la capacidad de los sujetos de derecho para establecer reglas de conducta para sí mismos y en sus relaciones con los demás dentro de los límites que la ley señala”, una segunda acepción dice “facultad de la persona o la entidad que puede obrar según su criterio, con independencia de la opinión o el deseo de otros.” 

Cuando intuyes que te están contando la trola del siglo
Lo que pretendo decirles, queridas todas y todos, es que cada cual es responsable de su propia vida y que todo lo que le viene de fuera es apoyo extraordinario. Que si las leyes están mal hechas y las circunstancias no son favorables, las/os profesionales de lo social no somos culpables. Estamos aquí para ayudarles en lo que podamos, que hemos estudiado Trabajo Social para promover el cambio social, la calidad de vida y la autonomía de cada usuario/a que acuda a nuestros programas. No podemos fomentar la dependencia, ni siquiera la económica. 

Durante nuestra jornada laboral reivindicamos que las cosas sigan evolucionando y también lo gritamos en las calles en nuestro tiempo libre, pero no tenemos varitas mágicas y los recursos son limitados. 

No nos engañen y respétenos. El Estado Español quizás no tenga los recursos suficientes para que todas las personas salgan de su situación de exclusión, pero también hay que dar pasos y querer cambiar, luchar, porque no todo viene dado. Un signo de madurez es responsabilizarnos de nuestra vida y no echar balones fuera ante la situación propia.

¡Suerte en el camino! Aquí estamos para ser puentes.

Les saluda atentamente,
Una trabajadora social un poquito harta.
(Me encanta mi trabajo y me encantan la mayoría de mis personas usuarias, sólo es que hoy necesitaba desahogarme)

viernes, 18 de agosto de 2017

Una de cal, para variar

Como un fogonazo de luz que te ciega al acuchillar la oscuridad de golpe.
Como un puñetazo imprevisible en la boca del estómago.
Como un viento huracanado que abre puertas y ventanas para asentar el caos dentro de casa.
Como el estruendo que te despierta y te asusta en lo más profundo del sueño.
Como el estallar de una guerra en medio de un remanso de paz.


Así llega la enfermedad, sin avisar, para paralizar la vida.


Y cuestionarte,

tambalearte,

ponerte a prueba.


El dolor envejece más que el tiempo, 
este dolor dolor que no se acaba, 
y que te duele todo todo todo 
sin dolerte en el cuerpo nada nada.

A tantos días de dolor se muere uno, 
ni la vida se va, 
ni el corazón se para, 
es el dolor acumulado el que, 
cuando no lo soportas, 
él te aplasta.

Mi accidente será un buen epitafio: 
Cuando una calle bajo el sol cruzaba, 
de dolor– o de amor– es lo mismo, 
murió desbaratada.

-Gloria Fuertes-

Fuerza, abuelo

domingo, 6 de agosto de 2017

Oda a la peregrina

Anakephalaiosis
Y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende
("La vida es sueño", P. Calderón de la Barca)

Lleva equipaje ligero.
Un hatillo lleno de nombres,
mil rostros en el recuerdo
y proyectos infinitos para el camino.

Echa la vista atrás y mira:
los obstáculos sorteados,
las cuerdas rasgadas que ataron sus tobillos,
las pieles bajo las que se camufló,
las personas a las que decidió no imitar ni seguir
y otras rutas que renunció a recorrer.

El dolor que implica
el crecimiento,
la libertad,
curar las heridas
y poner nombre a la propia fragilidad.

El valor que exige
vencer los miedos,
decir que no,
decir que sí
-sobre todo a las personas cercanas-,
dejar de dar explicaciones,
seguir al corazón frente a lo socialmente aceptable,
enfrentarse a los mensajes negativos que, con malicia o sin ella,
llegan desde fuera para convencer de la ausencia de capacidad,
para cambiar la dirección, para bloquear los sueños.

Aprender (siempre aprendiendo)
que agradecer los dones no es orgullo
sino autoestima y conocimiento personal,
que no todas las luchas son violentas
aunque conlleven conflicto,
que ser más racional que sentimental
es más ventaja que inconveniente.

Perdonar (primero a una misma)
los errores,
las exigencias,
los cuchillos envueltos en palabras
-o en intenciones-,
la incomprensión...
porque no hay comunidad humana perfecta,
sino diálogo, paciencia, amor, confianza.

Aceptar (donde hay humanidad, hay límites, ¡qué maravilla!)
que no puedes andar cincuenta kilómetros en dos días
-aunque otr@s sí lo hagan-,
si estás hecha para caminar treinta en una semana.
Ella no desea competir, sino cooperar
y disfrutar del paisaje en buena compañía.

Y vio su reflejo en los charcos
y asustada rechazó volver a mirarse,
hasta que se limpió las pestañas
del barro y sus legañas.
Y tuvo que quererse así:
más real que ideal.
Menos de piedra y más de piel.

En muchos momentos se sintió perdida, a pesar de ir acompañada,
y se equivocó cuando sola se encontraba.
No supo descifrar los mapas,
ni leer su próximo destino en las estrellas.
Cayó en arenas movedizas (y no pasó nada),
la engañaron los bucólicos espejismos en medio del desierto (y tampoco ocurrió ninguna tragedia)
y fue capaz de salir, levantarse, buscarse y continuar el viaje,
identificando los nuevos terrenos, a partir de la experiencia.

Ahora, cuando se observa,
se asombra de su paso firme -a veces, aún vacilante-,
a pesar de ir descalza;
su sonrisa fresca y sincera,
más allá de la ira y las lágrimas;
sus manos vacías,
pero el corazón contento;
y su mirada agradecida
por todo lo vivido.

Todavía con grilletes invisibles,
heridas abiertas,
preguntas sin respuesta,
dudas,
incertidumbres,
nostalgias,
contradicciones,
inseguridades pendientes.

Camina y no se detiene.
Un paso,
dos,
tres...
A su ritmo.

El pasado entero,
el presente austero
y un futuro posible que se intuye en el horizonte.

Vivir la vida y aceptar el reto*

"La aventura, la gran aventura, es ver surgir algo desconocido cada día, en el mismo rostro: es algo más grande que todos los viajes alrededor del mundo." -  Alberto Giacometti

"La perla es espléndida y preciosa.
Nace del dolor.
Nace cuando una ostra es herida.
Cuando un cuerpo extraño -una impureza, un granito de arena- penetra en su interior y la inhabilita, la concha comienza a producir una sustancia (la madreperla) con la cual lo recubre para proteger el propio cuerpo indefenso. Al final se habrá formado una hermosa perla, brillante y preciosa.
Si no es herida, la ostra no podrá nunca producir perlas, porque la perla es una herida cicatrizada.
- Fragmento de Elogio a la vida imperfecta de Paolo Scquizzato -

* No te rindas, poema de Mario Benedetti.

lunes, 3 de julio de 2017

El viejo habitado de olvido

Un aliento gélido me mordió la piel al acceder a las entrañas de aquel santuario. Las paredes rezumaban humedad y el moho crecía a corros. La escasa luz que penetraba por las ventanas acuchillaba las tinieblas que envolvían la estancia.

Como cada tarde a la misma hora, lo vi hervir agua para preparase un té. Esta vez tampoco le añadió azúcar. "Amargo, como la vida", solía alegar. Y en su caso, así era. Tomó una cucharilla entre sus manos encalladas y removió el contenido de la taza. Después, encendió su desgastada pipa y le dio una calada. Le observé mientras se recostaba en la mecedora en un intento por recordar.

El tiempo y la miseria habían dibujado líneas sinuosas en su rostro curtido por el sol y marcado por alguna enfermedad. El cabello largo y plateado caía sobre sus hombros. De pronto, sus diminutos ojos grises, chispeantes y encharcados en lágrimas, descansaron sobre los míos.

- Sólo logro distinguir su rostro- musitó con la voz rota, como su alma de pirata.

Se aproximó a la rústica mesa de madera que presidía la habitación, encendió el candil y se inclinó para coger la pluma y comenzar a escribir. Bajo la luz tenue, pude apreciar esa caligrafía elegante y precisa que revelaba la altura de su linaje; muy diferente a la existencia de polvo y sombra en la que había anidado la costumbre. Lunes de borrachera, martes de resaca. Y el resto de la semana, asustando críos a la salida de la escuela, 
regalando flores silvestres a damiselas elegantes o tocando un ukelele al que le faltaban un par de cuerdas. 

Soltó la pluma poco antes de que el aceite de la lámpara se agotara. El manuscrito era un entramado de sueños, recuerdos y momentos inconexos. Pero hablaban de ella. 
Una esperanza esculpida como una presencia en la memoria. Y al acabar la lectura, yo también pude contemplar su semblante. 

Mucho tiempo después, en un atardecer de otoño, le vi abandonar las ruinas donde había vivido los últimos años y atravesar los callejones angostos que lo separaban del paseo marítimo. Una vez allí, se adentró en la playa. Ella estaba sentada en la orilla, con los pies sumergidos en la arena mojada. Tan ingenua como la primera vez. Su piel era de porcelana fina y su pelo gris como aquel manto de nubes que cubría el cielo. La reconocí por su risa cristalina. Risa de niña traviesa.

Las gotas de lluvia estrenaron aquel amor tardío, ajeno al mundo. Algunos viandantes se detuvieron ante tan peculiar estampa, sin comprender. Yo sabía la verdad: eran mucho más que dos viejos locos mirando al mar. 

Eran la felicidad detenida en un instante.
"El caminante sobre el mar de nubes" de Caspar David Friedrich
Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?

Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya…

Amor… ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
lejana… —No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el mar.

Amor que llegas tarde, no me viste
ayer cuando cantaba en el trigal…
Amor de mi silencio y mi cansancio,
hoy no me hagas llorar.

-Dulce María Loynaz-

jueves, 8 de junio de 2017

Llamadas

L u z
E S P E R A N Z A
F u e g o
A g u a
C a r i c i a
A b r a z o
R e f u g i o
P u e n t e
C a y a d o
A c e i t e,  v i n o
S a l


Luz que ilumine las noches.
Fuego que proporcione calor.
Agua que sacie y limpie.
Caricia que provoque ternura.
Abrazo que reconforte, que haga sentir en casa.
Refugio que se convierta en acogida sin preguntas.
Puente para conectar personas y facilitar la comunicación, la tolerancia.
Cayado que sea apoyo en el que sostenerse frente al cansancio y las caídas.
Aceite y vino que sanen las heridas.
Sal para dar sabor y sentido a todo lo anterior.


"La esperanza no es la certeza de que algo saldrá bien, sino la convicción de que todo tiene sentido, independientemente de cómo resulte"

miércoles, 17 de mayo de 2017

Los ángeles no tienen corazón

...tienen alas...

No hay nada comparable a las primeras veces. La primera vez que vuelas en avión. La primera vez que te bañas en el mar, hundes los pies en la arena y miras el horizonte. La primera vez que ganas algo de dinero por tu trabajo. La primera vez que vas a la universidad. La primera vez que ves esa obra de teatro que te encanta. La primera vez que te tiras en paracaídas. La primera vez que pruebas un cappuccino italiano. La primera vez que contemplas la Sagrada Familia de Gaudí. La primera vez que conoces a alguien y le miras a los ojos, por primera vez...

La primera vez que te vi tenías la mirada de una persona de mil años, como un hombre lleno de invierno. Y un enigma escondido tras la sonrisa. Pero no fue tu aire de perrito abandonado lo que me impulsó a adoptarte. Fue la ingenuidad de tu pensamiento. Tu corazón sencillo, sentimientos laberínticos. Siempre me gustó tu risa contagiosa, esa manera tan especial de querer, camuflada de normalidad; tu capacidad para poner patas arriba mi vida, tus locos -aunque escasos- momentos de impulsividad contenida. Y tus manos grandes capaces de sostener y abrazar el mundo entero.

Es guay querer a la gente, a todas las personas. Pero es que tú eres querible versión premium. Contigo no existe un plan B: hay que quererte sí o sí. Eres infinitamente más estrujable que el resto de la humanidad. No me entiendas mal: somos como dos gotas que cayeron de la misma nube, pero no pueden ni deben ni quieren compartir el mismo charco. Es bonito saberlo, aunque cuesta vivir solamente la mitad del camino.

¿Cuántas cosas no gritaste y cuántas mentiras dejaste escapar? Admito que yo también me callé los "te quiero". No hay palabras cuando el corazón se desborda. Soy un libro abierto muy fácil de leer para tan experto epigrafista.

¡Qué difícil eres cuando te escondes tras trescientos ochenta y siete días! Eres complicado cuando me haces falta. Como si no bastase hacerte memoria en la distancia. Como si no bastase ese pedacito de suelo que ya es nuestro para siempre. Como si no bastase verte en sueños o de vez en cuando, sentir que el viento me trae el eco de tu voz. Bendita inocencia la mía.

Camino por las calles y allí estás . Bajo los paraguas negros, en todos los coches grises. Asomándote a las ventanas y bajando sus persianas. Cada vez que abro ese viejo portón de madera carcomida. En las idas y venidas de los autobuses. En el olor a magia de los libros. En el aroma del campo. Y en esa sudadera verde desteñida... En esos días nublados, cuando el paisaje empatiza conmigo y cree que en primavera sus hojas serán diferentes y nunca más volverán a caer. Porque tú vuelves igual o con más intensidad, como la tempestad que llega sin avisar. 

Se me hace extraño pensar sobre cómo nuestros cuerpos se han alejado tanto, estando tan unidas nuestras almas. Podría haberme quedado a vivir en tu abrazo, que era sinónimo de refugio, de hogar, de vuelta a casa. Ahora, toca buscar otros oasis, aunque no serán lo mismo.

He hecho una lista sobre ti y tus rarezas, para bien o para mal. Por si enfermo de olvido, que me ayude a recordar. No escucharé a quien me aconseje destruirla. Sarna con gusto no pica

No, no quiero olvidarte. No me gusta deshacerme de partes de mí. “No me duele el recuerdo”, me digo y sonrío a la ausencia. Es bueno echar de menos si no se prolonga hasta la necesidad. La nostalgia se convierte en rutina con el paso del tiempo.

No quiero confundirte. No hay intención en mis palabras. Tampoco pretextos. No estamos para buscarnos ni para engancharnos... ¡qué alivio! Aunque me gustaría estar para encontrarnos. Mamihlapinatapai.

Es normal que tu alrededor se quede pequeño: eres demasiado grande para el universo.

«Juntas a dos personas que nunca habían estado juntas. A veces es como aquel primer intento de acoplar un globo de hidrógeno a otro de aire caliente: ¿prefieres estrellarte y arder o arder y estrellarte? Pero a veces funciona y se crea algo nuevo y el mundo cambia. Después, tarde o temprano, en algún momento, por una razón u otra, una de las dos desaparece. Y lo que desaparece es mayor que la suma de lo que había. Esto es quizás matemáticamente imposible, pero es emocionalmente posible.» (Niveles de vida, de Julian Barnes)

Gracias por quererme cuando menos lo merecía.

martes, 25 de abril de 2017

Amanece, que no es poco

"La utopía está en el horizonte. 
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".
- Eduardo Galeano -

Hay personas que siempre están contentas y derrochan energía. Otras, en cambio, respiran queja y amargura perpetua. Y luego está la gente como yo, cuyo estado de ánimo es una montaña rusa que no se ha diagnosticado como trastorno bipolar porque no llegamos a los extremos de depresión y manía (euforia).

He tenido un gran curso. De hecho, desde el mayo pasado, ha sido mi año de la esperanza, la calma y la alegría interior, a pesar de los malos ratos. Me preguntaba si sería capaz de continuar con esa esperanza como actitud existencial cuando me sobreviniera la crisis.

Y aquí estoy: esforzándome por permanecer fiel a esa promesa. No me traumatiza estar de bajón. Llevo como dos meses más flojilla y yo diría que comienzo a ver la luz. Es una etapa que pasará como tantas otras y seguramente dejando una enseñanza, un sentido y una retahíla de logros por haber sobrevivido.

Las crisis casi nunca son consecuencia de las circunstancias. Creo que mis circunstancias vitales actuales no pueden ser mejores (o sí, pero son muy buenas), sin embargo... 

Dicen que los momentos difíciles nos ayudan a crecer, pero también nos resitúan, nos hacen ver en qué hemos fundamentado nuestra felicidad, que suele ser en cosas provisionales, que se pierden o se truncan: mis sueños y proyectos, mis habilidades, mi estatus social, otras personas (pareja, amig@s, hij@s...), el trabajo o el estudio... Que puede ser muy sano y necesario, mas no lo principal. No obstante, pienso que hay que enamorarse de todo eso para vivirlo con intensidad.

Vivir la urgencia de lo cotidiano con corazón sencillo. Esta frase parece condensar lo que he estado rumiando durante la semana. Hay tantísimas cosas rutinarias por las que me siento agradecida... desde la naturaleza, el sol, la familia, mi perrica, la música, los libros, seguir aprendiendo y avanzando, compartir momentos con las personas a las que queremos, haber conocido a tantas otras que nos ensanchan el corazón, las sonrisas de desconocid@s, palabras o gestos espontáneos que no esperabas y te cosquillean por dentro, las oportunidades de tener experiencias únicas e irrepetibles... ¿Por qué no ver en esto pequeños milagros diarios? Que podían no realizarse, ¡pero nos suceden! Tampoco pueden cimentar la vida, pero vivir desde el agradecimiento por lo que cada día se nos regala, te cambia la mirada. Te ubica, aun cuando estás “chof”.

Parque Yamaguchi (Pamplona-Iruña)

Una vez, hablaba con una amiga de que sabía todo lo que había hecho por mí otra persona, que ambas conocíamos, y que yo no había sido capaz de agradecérselo, al contrario, me había portado fatal. “Pero te das cuenta. Eso ya es mucho”, me contestó. Sí, tengo la suerte de tener una amiga especialista en consolarme. Y además, que es verdad. Ser consciente de lo que somos, tenemos, disfrutamos, decimos y pensamos, cómo y desde dónde lo hacemos es importante. Aunque quizás no sea suficiente.

Vivir la urgencia de lo cotidiano con corazón sencillo. He ahí el secreto: la simplicidad. Dar las gracias por lo positivo y convertir las heridas en camino para acoger lo que venga con activa resignación o afilándose las garras para la batalla.

La verdadera alegría exige la confianza como actitud permanente, más allá del sentimiento. Y esa confianza que se da en la oscuridad es un don que vence cualquier miedo e insatisfacción. Permanecer, querer permanecer siempre: en la vida, en mis proyectos, en mis relaciones; haciendo memoria de lo bueno, de mis raíces y siendo honesta con una misma. Porque la salida está cerca y no sabemos a qué nuevas rutas puede abrirnos.

"Donde ahora te encuentras no estás para entender el mundo,
sino para comprender cuál es la voluntad de Dios para ti. 
Se trata de estar en tu lugar."
- Fray Miguel Tomaszek, ofm conv. -
Navidad'17