domingo, 1 de febrero de 2026

Todo es penúltimo

"El mundo está encendido.

Salgo a la calle y todo está radiado de misterios.

Todo se mueve, actúa.

Cada acción es un proyecto de crimen contra el tiempo 

que no alcanza más que a tentativa.

Salgo a la calle 

Fuera estaba el secreto

a la vista de todos

Y por eso, ¡nadie lo miraba! 

¡Es mío! ¡Es mío! ¡Es mío!

Qué míos son los cielos y mía es la tierra.

Que quien ama, comprende 

que sólo la sobreabundancia es justa,

que el ser es desmesura,

que su medida exacta es  el desbordamiento.

Vaya yo más allá.

Excédame.

Porque vi lo que vi 

lo que no puede verse 

y ya no sé vivir en este mundo.

Pero qué fragmentario, 

qué completo, qué bello, 

qué intermitente 

es todo.

El mundo está encendido.

Yo callo.

Necesito agradecer.

- Carmen Palomo Pinel -

El día comenzó con entusiasmo, como siempre que se está de vacaciones, y yo me había concedido el viernes.

Madrugué y pillé un coche compartido con unos chicos majísimos que me hicieron el viaje ameno. Hablamos de vehículos eléctricos, de energías renovables, de futuro. Uno era ingeniero medioambiental y daba la info con rigor y  una motivación que te reconcilia con el planeta. Me convencieron. 

Madrid se me abrió paso de la mano de esa soledad, musa de los buenos artistas, desde Méndez Álvaro. El Jardín Botánico, una venta improvisada de libros de segunda mano en plena calle, el Prado apareciendo ante mis ojos asombrados... Caminé hasta el Thyssen y me colé con una pequeña picardía -nada grave. Lo justo para sonreírme.- Los impresionistas me tocan el cora con su luz y color. Y Caspar David Friedrich no defrauda, con un único cuadro. Disfruté también de pintores conocidos y de otros anónimos, porque a veces el arte sin firma ni título es el que más ilumina.

Después, el Barrio de las Letras. Calles que llevan nombres que pesan y sostienen. Comí cerca de la estatua del Abrazo, memorial de los abogados de Atocha asesinados en 1977. Una forma de recordar que la justicia, cuando es verdadera, cuesta hasta el final.

A continuación, sin darme cuenta, recorrí el mundo en apenas unos kilómetros. Lavapiés me regaló India, Pakistán, Marruecos y la África negra. Lenguas, olores, colores. Una humanidad viva, mezclada, a veces herida, pero siempre resistente. Policía por doquier (poca diversión).

Luego, quise saludar a Lorca y a Calderón de la Barca -mis padres literarios- en la plaza de Santa Ana. Empezó a llover con ganas, pero ni la lluvia pudo menguar el deseo de seguir paseando. Fuencarral, Sol, la foto inevitable al Oso y el Madroño. Multitud, paraguas, barullo y la imperfecta sensación de humedad congelando mis pies.

Cuando ya el cuerpo dijo basta, entré en un café bohemio de Malasaña. Me calenté las manos, el ánimo y cargué pilas para tomar un metro de dos paradas hasta Chamberí, donde se iniciaría un finde de fantasía.

Y es que hay un tiempo que no se mide en horas, sino en hondura. Así fue el fin de semana de formación nacional de la Orden Franciscana Seglar. Un espacio habitado por el diálogo y la conciencia agradecida de una vocación concreta. En el contexto del octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís y bajo el lema “Tú eres nuestra esperanza”, las jornadas no se quedaron en una consigna, sino que ésta se fue encarnando en la palabra compartida, la oración y la fraternidad.

Durante la mañana del sábado, Víctor Herrero de Miguel, hermano menor capuchino y poeta, nos llevó a contemplar la bondad de la hermana muerte a través del Cántico de las criaturas y a mirarla como una criatura más que ilumina la vida entregada. Y con la Segunda Vida de Celano, descubrimos que la muerte no es una amenaza ni una ruptura, sino un umbral, que puede cruzarse desde la confianza, aprendida en la intemperie. En la lectura de la despedida del santo, aparece un Francisco profundamente humano: llagado, sí, pero más atento a bendecir y a continuar creando vínculos que a exhibir las heridas que lo traspasaban. El gesto de cubrirse el estigma del costado, en el momento final, nos deja una sutil enseñanza: no es lo evidente o visible lo que define la vida, sino su raíz, las relaciones auténticas y la capacidad de amar. Víctor no nos habló sobre Francisco; nos ayudó a escucharlo.

El trabajo en grupos, siguiendo el método de las conversaciones en el Espíritu, nos permitió acoger lo recibido en las ponencias y dejar que resonara en nuestra propia experiencia. No se trató tanto de llegar a conclusiones como de aprender a escucharnos, reconociendo cómo el Espíritu sigue hablando hoy en lo común y que la fraternidad es lugar de revelación. Los momentos de oración tan bonitos y cuidados, crearon un clima de silencio habitado, recordándonos que la vocación franciscana se vive desde el compromiso y con los ojos puestos en un mundo que sufre.

domingo, 18 de enero de 2026

Querida yaya,

Ayer cumpliste 93 años, pero ya hace ocho que empezamos a perderte. Desde que se fue el abuelo, tú comenzaste también a irte en silencio, como has hecho las cosas siempre.

No imaginas cómo me duele verte así. Lo he normalizado, casi acostumbrado, pero toda esa fachada se derrumba cuando recuerdo cómo has sido. 

La mujer con la bondad y el mar en la mirada. Aquella a la que se le iluminaba la cara con una sonrisa cuando nos veía aparecer. La de las comidas inigualables. La que nos daba dinero a escondidas, como si fuera droga. Ese tópico tan real. La que me cuidaba y me esperaba en casa, cuando mi madre no estaba, dispuesta a cumplir cualquier capricho, que no eran muchos. La que se mantenía cuando todo alrededor se tambaleaba.

La mujer que agarraba mi mano tan fuerte. La determinada a soportar de pie una cabalgata de Reyes y hacerse con todos los caramelos posibles para dármelos después. Con la que he compartido tantos domingos en la naturaleza. La que contaba su vida cada vez que se lo pedía. La que nos ha querido a todos los nietos por igual, pero te hacía sentir la preferencia. La que pedía paz en los enfrentamientos. La que jugaba conmigo a las cartas. Una abuela a un abuelo pegada. Pareja increíble. Abuelos perfectos. 

Me da miedo y tristeza olvidar tantos recuerdos tras estos ocho años de deterioro y enfermedad. Me da miedo no estar a la altura como tú lo has estado siempre. Mirar para otro lado, como a menudo hago, para no ver una realidad que me perfora por dentro.

Y me entristece pensar que tras una vida de tanto amor, trabajo y esfuerzo, de ser luz para tantas personas, tu vida acabe de esta manera: sin saber quién eres, sin saber quiénes somos, sin poder moverte, comunicarte, ni hacer nada por tu cuenta. Con la mirada perdida y el cuerpo llagado. No me parece justo y no creo que vaya a entenderlo nunca ni a encontrarle un sentido elevado, más que asumir lo que acontece como viene. Y afrontarlo.

Sólo quiero darte las gracias, aunque ya no puedas escucharme. No hay abuela mejor, ni persona mejor que tú.

Gracias por todo lo que no recuerdo y por aquello de lo que ni siquiera fui consciente. 

Gracias a la vida por haberme dado lo más precioso.

Puedes irte cuando quieras. No te preocupes, estaremos bien. Y prometo cuidar de esa parte de ti que tan profundamente dejaste en mí, como el mayor regalo. Aunque sienta que mi historia vaya a ser algo más triste para siempre desde que no estáis.

Te quiero mucho.

"Caen las hojas, ¡pobres hojas!
Como sueños que se van…
Y en su caída armoniosa
Algo dicen al pasar.
Dicen la eterna historia
De la vida y del dolor;
Que todo pasa y se acaba,
Que sólo eterno es el amor."

- Amelia Denis de Icaza -


jueves, 16 de octubre de 2025

Pequeña

Una mujer pequeña, encorvada en la acera.

Anochece, la luz se va extinguiendo
y las siluetas se difuminan en la brisa
del otoño.

Y ahí. En medio...

Una mujer de cabello cano y el rostro lleno de pliegues.

Miro lo que mira. 

Un insecto volador se mueve por los adoquines sin levantar el vuelo.

Se da cuenta de que la observo. 

Señala con el dedo al himenóptero 

y ríe, divertida.

Le devuelvo la sonrisa con ternura.


Una anciana plantada en mitad de la acera.


Sosteniendo el peso del mundo.

Admirando la realidad insignificante,

todavía descubriendo la belleza,

incluso en lo deleznable.


sábado, 13 de septiembre de 2025

Salvación

"¿Por qué he tardado tanto en comprender

mi lugar en la vida junto a aquellos

que habitan en los márgenes?

Una luz cegadora me mostraba espejismos."

- Víctor Herrero de Miguel -


Por fortuna, trabajo atendiendo personas.

Y sí: a veces pierdo la paciencia.
Me puede la demanda constante,
el nivel de exigencia,
la agresividad, el teatro de algunos,
el llanto sin lágrimas, 
la falta de ganas,
de movimiento;
la mentira evidente 
o velada.

Y pienso en términos de
"parásitos sociales" o me digo
que "ante el vicio de pedir..."

Pero además hay verdad,
heridas de infancia,
injusticia,
mochilas llenas,
esfuerzo, valor, lucha.
Historias que contar.

En el fondo
existe una certeza mayor: