miércoles, 1 de julio de 2026

A ti, que me acompañas

τί δὲ ἔχεις

ὃ οὐκ ἔλαβες;

- 1Co 4,7 -


Los gorriones hablan en mi lengua, 

que es la tuya,

y el canto de los poetas son el mapa 

del laberinto.

Las estrellas me sonríen con la ternura 

de un dios mendigo.


Sobran todas las palabras, 

aunque lo signifiquen todo. 

El sol susurra cuando no se esconde. 

Lo escucho.

El coro de vencejos anuncia al viento 

algo más que la caída del día

sobre un cielo de topacio 

que no desciende.


Levanto la mirada.


Hay un mensaje en cada amanecer y 

son mis lágrimas el agua reciente 

que nace del pozo nuevo.


Mi libertad es un desposorio 

con una dama harapienta.

El bosque, mi templo.

El silencio, la liturgia que mejor conozco.


Espera, espera, espera. Vivir en sábado

perpetuo: la alegría del spoiler.


Son tus pies la inspiración de tantas almas

que bailan por contagio.

El misterio de tus huellas 

que soy incapaz de imitar, 

pero es bonito intentarlo 

sólo porque te quiero. 

Y porque quiero vivir de verdad.

Pertenezco a ese sentimiento. 

Y a nada más. Sobre todo a nadie más.


Es absurdo este caminar siempre hasta la mitad, 

pero acariciando la piel y la piedra.

Sin aplastar las raíces del árbol

que no da frutos,

ni preguntándole a la lluvia

por qué se derrama por igual.


¿Cuánto anhelo puede albergar el corazón humano? 

¿Cuánto deseo embriagó el tuyo?

martes, 2 de junio de 2026

Rey de las sabandijas

"Rata de dos patas
Te estoy hablando a ti
Porque un bicho rastrero
Aún siendo el más maldito
Comparado contigo
Se queda muy chiquito."

- Paquita la del Barrio -

Arquitecto de los dramas imposibles,
emperador de los audios interminables,
campeón olímpico del victimismo sincronizado 
y de la histeria infantil repentina.

Rey del ninguneo,
ministro de los enfados selectivos,
guardián supremo del doble rasero,
coleccionista de injurias imaginarias.

Oh, excelentísimo marqués de los mensajes ambiguos,
de las prohibiciones sin causa,
conde de los malentendidos cuidadosamente cultivados,
cuya especialidad consiste en sembrar niebla
y después lamentar que nadie vea el camino.

Tú, que conviertes una pregunta sencilla
en una peregrinación de siete etapas,
y un saludo cordial
en un tratado de geopolítica emocional.

Qué admirable perseverancia la tuya:
ocho años removiendo una piedra
hasta convencerla de que ella sola
había decidido rodar cuesta abajo.

Y llegó la hora. 
Qué tragedia para tu reino:
un día tus súbditos descubren
que la puerta nunca estuvo cerrada,
que el aire de fuera existe,
y que la vida resulta sorprendentemente tranquila 
cuando no hay que descifrar cada palabra
como si fuera un pergamino medieval.
Y que podemos vivir en libertad.

martes, 5 de mayo de 2026

Más allá de las esteras

"Allí donde detengo la mirada
veo la perfección:
en cada objeto,
en ese vaso de cristal, en cada
cosa que me rodea por destino,
porque viene hasta mí para cumplirse.

Cuando observo a quien amo, lo perfecto
cristaliza en su vida, en su obra en marcha.
El pájaro en su cielo es impecable,
y es impecable el aire que respiro.

Lo imperfecto soy yo.
Lo más impuro,
que no acierto a vivir
tan sólo para el pájaro,
tan sólo
para el aire y el vaso, para el cielo,

para el amor, que siempre es de cristal,
para cantar la perfección tan sólo."

- Carlos Marzal -


Este fin de semana participé en el Capítulo de las Esteras, un encuentro de la familia franciscana que recuerda aquel primer capítulo convocado por Francisco de Asís en 1221, donde los hermanos se reunieron sobre esteras, para escucharse, discernir y volver a lo esencial. Hoy sigue siendo un espacio de encuentro entre las distintas ramas —frailes, clarisas, OFS, institutos de la TOR y simpatizantes del espíritu franciscano— que, más allá de estructuras, comparten una misma intuición de vida.

En mi caso, el encuentro comenzó en la carretera, viajando con gente buena. Y eso ya lo cambió todo. Porque hay personas que te traspasan y dejan huella simplemente siendo. Y así, casi sin darme cuenta, el corazón se fue haciendo más grande antes de llegar.

Nos alojábamos cerca del Tibidabo. Unas muy bonicas Hijas de la Caridad nos acogieron, convirtiéndose en testigos de fraternidad para nosotras. Desde la terraza, Barcelona se extendía hasta el mar, velada por un manto de nubes. Y había algo en esa luz contenida que se parecía a lo que yo misma no terminaba de ver con claridad.


Cada mañana, antes del desayuno, tras un paseo en soledad por los jardines aún despertando, la Orden Franciscana Seglar y la JUFRA nos reuníamos para rezar Laudes. Así, entre la alborada y la palabra compartida, la jornada encontraba su primer latido.

La conferencia inicial la impartió el poeta capuchino Víctor Herrero de Miguel, bajo el título “Recibió a la muerte cantando”, en el marco del 800 aniversario del tránsito de Francisco. Escuchar a Víctor es siempre asomarse a algo hondo: sus palabras encienden esperanza, pero sobre todo, su manera poética de ser, canta la vida de Francisco y algo dentro se esponja.

Habló de un Francisco que no se oponía a la existencia. Que supo recibirla tal como venía, y que murió de la misma manera: pobre, alegre, hermano.

A su lado, fray Jacoba, su amiga, llegando con lo necesario y con lo prescindible. Un paño, unos dulces, incienso. Porque donde hay amor, hay exceso. Porque quien ama, entrega también lo que, en apariencia, no sirve para nada, pero aporta sentido y belleza.

Lo más precioso fue imaginar que, en el momento de su muerte, las alondras volaron. No cualquier pájaro: las que viven para alabar. Como si la creación misma reconociera en Francisco una luz familiar. El vuelo se transformó en celebración.

“Cualquier rama en la que se posa un pájaro convierte el asfalto en paraíso.”

Aprendiendo de nuestras hermanas pequeñas, estamos aquí un poco para eso: para volver habitable lo que parece inhóspito. 

La mañana continuó con ese ritmo tan propio de los encuentros: pausas que son casi más importantes que las ponencias. Tras el café, entre saludos a conocidos y a desconocidos que se convierten en familia, continuó la jornada con el testimonio de personas de las diferentes ramas del carisma franciscano... a la que no acudí. A cambio, compartimos risas y charleta con los dos frailes más bonicos de España y Colombia. 


Por la tarde, visitamos la Sagrada Familia. El cielo, generoso, aguantó sin lluvia. Y dentro del templo, esa luz que cae como bendiciendo. Impresiona: más que un edificio, entras en un bosque. Un bosque donde cabe todo, donde la piedra se vuelve vegetal y no pesa, sino que eleva. Antoni Gaudí entendió que la belleza también puede ser una forma de hospitalidad.

miércoles, 1 de abril de 2026

Certeza de sonámbula

"Te despiertas y, al rato,
dejas tu casa y sales a la calle,
a la casa del mundo.
Salir es un entrar. No hay intemperie
cuando con firme pie
y afanosa retina
nos adentramos en los incontables
e ingentes aposentos del asombro.
Los vamos recorriendo sin descanso.
Todos tienen el techo a cielo abierto,
con muros transparentes y con anchas
puertas de par en par que no interrumpen
el avance en la luz.
Y no hay desprotección, ni puede haberla,
en la perplejidad que para el ojo
es todo cuanto ve,
sino el cobijo incierto de la vida."
 - Eloy Sánchez Rosillo -
 

Ante la pregunta de a qué aspiro en la vida,

mi respuesta sólo es ésta:

Continuar en búsqueda 

con la seguridad de la sonámbula

-se la cojo prestada a Hugo Mujica-,

que no ve, pero confía.

Víctima de la ternura del mundo.

Con la rebeldía

de los salmones.

Y la libertad 

del vuelo de los pájaros.

Sobre todo ante la intemperie

de las periferias y

en las pequeñas o grandes noches.


Caminar por esta tierra

intentando no pisar las flores.


Que me postre descalza

frente a la tierra sagrada

de quien deposita en mí su historia 

y sus dolores.

Que mi escucha sea atenta,

mi sonrisa, fácil;

y la respuesta

no cargue más peso

ni esclavice.

Sea caricia, regazo,

para quien ya soporta demasiado.


Necesito devolver una ínfima parte

de esta sobreabundancia 

excesiva, desbordante.


Ante la pregunta de qué espero de la vida.

No puedo concretar nada material.

No deseo viajes

ni escalar puestos.

Quizás, sí, el pan de cada día

-para mí y para ti-

y unas migajillas de silencio en soledad.


A menudo este sentir

me aterroriza

y me gustaría escapar de mí misma.

¿Quién comprende esto

que me muerde y arde?


Sólo quiero disfrutar del canto 

de los árboles y

la sabiduría de sus raíces.

Que mi esperanza se sostenga

en lo que no se ve

y en lo que siempre será un misterio.