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miércoles, 1 de julio de 2026

A ti, que me acompañas

τί δὲ ἔχεις

ὃ οὐκ ἔλαβες;

- 1Co 4,7 -


Los gorriones hablan en mi lengua, 

que es la tuya,

y el canto de los poetas son el mapa 

del laberinto.

Las estrellas me sonríen con la ternura 

de un dios mendigo.


Sobran todas las palabras, 

aunque lo signifiquen todo. 

El sol susurra cuando no se esconde. 

Lo escucho.

El coro de vencejos anuncia al viento 

algo más que la caída del día

sobre un cielo de topacio 

que no desciende.


Levanto la mirada.


Hay un mensaje en cada amanecer y 

son mis lágrimas el agua reciente 

que nace del pozo nuevo.


Mi libertad es un desposorio 

con una dama harapienta.

El bosque, mi templo.

El silencio, la liturgia que mejor conozco.


Espera, espera, espera. Vivir en sábado

perpetuo la alegría del spoiler.


Son tus pies la inspiración de tantas almas

que bailan por contagio,

una hoguera inextinguible frente 

a un oceáno de bruma y ceniza.


El misterio de tus huellas 

que soy incapaz de imitar, 

pero es bonito intentarlo 

sólo porque te quiero. 

Y porque quiero vivir de verdad.

Pertenezco a ese sentimiento. 

Y a nada más. Sobre todo, a nadie más.


Es absurdo este caminar siempre hasta la mitad, 

pero acariciando la piel y la piedra.

Sin aplastar las raíces del árbol

que no da frutos,

ni preguntándole a la lluvia

por qué se derrama por igual.


¿Cuánto anhelo puede albergar el corazón humano? 

¿Cuánto deseo embriagó el tuyo?

martes, 2 de junio de 2026

Rey de las sabandijas

"Rata de dos patas
Te estoy hablando a ti
Porque un bicho rastrero
Aún siendo el más maldito
Comparado contigo
Se queda muy chiquito."

- Paquita la del Barrio -

Arquitecto de los dramas imposibles,
emperador de los audios interminables,
campeón olímpico del victimismo sincronizado 
y de la histeria infantil repentina.

Rey del ninguneo,
ministro de los enfados selectivos,
guardián supremo del doble rasero,
coleccionista de injurias imaginarias.

Oh, excelentísimo marqués de los mensajes ambiguos,
de las prohibiciones sin causa,
conde de los malentendidos cuidadosamente cultivados,
cuya especialidad consiste en sembrar niebla
y después lamentar que nadie vea el camino.

Tú, que conviertes una pregunta sencilla
en una peregrinación de siete etapas,
y un saludo cordial
en un tratado de geopolítica emocional.

Qué admirable perseverancia la tuya:
ocho años removiendo una piedra
hasta convencerla de que ella sola
había decidido rodar cuesta abajo.

Y llegó la hora. 
Qué tragedia para tu reino:
un día tus súbditos descubren
que la puerta nunca estuvo cerrada,
que el aire de fuera existe,
y que la vida resulta sorprendentemente tranquila 
cuando no hay que descifrar cada palabra
como si fuera un pergamino medieval.
Y que podemos vivir en libertad.

miércoles, 1 de abril de 2026

Certeza de sonámbula

"Te despiertas y, al rato,
dejas tu casa y sales a la calle,
a la casa del mundo.
Salir es un entrar. No hay intemperie
cuando con firme pie
y afanosa retina
nos adentramos en los incontables
e ingentes aposentos del asombro.
Los vamos recorriendo sin descanso.
Todos tienen el techo a cielo abierto,
con muros transparentes y con anchas
puertas de par en par que no interrumpen
el avance en la luz.
Y no hay desprotección, ni puede haberla,
en la perplejidad que para el ojo
es todo cuanto ve,
sino el cobijo incierto de la vida."
 - Eloy Sánchez Rosillo -
 

Ante la pregunta de a qué aspiro en la vida,

mi respuesta sólo es ésta:

Continuar en búsqueda 

con la seguridad de la sonámbula

-se la cojo prestada a Hugo Mujica-,

que no ve, pero confía.

Víctima de la ternura del mundo.

Con la rebeldía

de los salmones.

Y la libertad 

del vuelo de los pájaros.

Sobre todo ante la intemperie

de las periferias y

en las pequeñas o grandes noches.


Caminar por esta tierra

intentando no pisar las flores.


Que me postre descalza

frente a la tierra sagrada

de quien deposita en mí su historia 

y sus dolores.

Que mi escucha sea atenta,

mi sonrisa, fácil;

y la respuesta

no cargue más peso

ni esclavice.

Sea caricia, regazo,

para quien ya soporta demasiado.


Necesito devolver una ínfima parte

de esta sobreabundancia 

excesiva, desbordante.


Ante la pregunta de qué espero de la vida.

No puedo concretar nada material.

No deseo viajes

ni escalar puestos.

Quizás, sí, el pan de cada día

-para mí y para ti-

y unas migajillas de silencio en soledad.


A menudo este sentir

me aterroriza

y me gustaría escapar de mí misma.

¿Quién comprende esto

que me muerde y arde?


Sólo quiero disfrutar del canto 

de los árboles y

la sabiduría de sus raíces.

Que mi esperanza se sostenga

en lo que no se ve

y en lo que siempre será un misterio.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Luz y herida

No vivo en los mundos de Yupi.

No creo que la realidad sea flores y mariposas.

Nada es perfecto.

No soy tan naif

aunque lo parezca.


Sé bien que en todo hay una herida,

un vacío de amor.

Una soledad profunda 

donde nadie puede llegar.

Una intimidad última 

imposible de invadir.


Yo misma lo he descubierto:

un veneno que me penetra

desde la infancia hasta ahora

y que persiste en su absurdo.


¿Cómo es posible que un dolor tan grande 

nazca de los vínculos más estrechos,

de aquellos en los que deposité mi confianza 

y mis seguridades?

¿Qué nivel de conciencia,

de intención

y de toxicidad es real?

¿Cómo encontrar el punto medio

en esta tensión ponzoñosa

entre permanecer

y salir corriendo?

No soy una víctima.

O todas lo somos un poco.

Mucha es mi fortuna 

y esto no es una queja.


Reconozco que mi lengua

no es puñal,

quizás sí mi silencio

y la distancia que necesito 

para no caer en prisiones ajenas

ni en palabras que infrinjan 

un daño mayor.


Nadie lo sabe.

O tal vez sí,

pero una muralla de helada indiferencia 

ha impedido la construcción de puentes.

¿Cómo es posible?

Se puede defender lo indefendible.

(¿Se puede defender lo indefendible?)


No lo juzgo

-o al menos, lo intento -:

"todas tenemos lo nuestro".

Puede que no estemos preparadas.


Nadie lo creería.

Pero yo lo sé,

lo siento,

como un agujero negro

en el centro del pecho.

Y ya se sabe cuál es la naturaleza

de esas grandes masas de oscuridad.

jueves, 16 de octubre de 2025

Pequeña

Una mujer pequeña, encorvada en la acera.

Anochece, la luz se va extinguiendo
y las siluetas se difuminan en la brisa
del otoño.

Y ahí. En medio...

Una mujer de cabello cano y el rostro lleno de pliegues.

Miro lo que mira. 

Un insecto volador se mueve por los adoquines sin levantar el vuelo.

Se da cuenta de que la observo. 

Señala con el dedo al himenóptero 

y ríe, divertida.

Le devuelvo la sonrisa con ternura.


Una anciana plantada en mitad de la acera.


Sosteniendo el peso del mundo.

Admirando la realidad insignificante,

todavía descubriendo la belleza,

incluso en lo deleznable.


jueves, 3 de julio de 2025

Beatus ille

"Los lirios. Los almendros florecidos.
El olor de la higuera.
Una alberca y un huerto.
La neblina de nácar
cuando atardece por el monte Aljibe.
El canto de los grillos que me lleva a la infancia.
Las primeras estrellas, lejanísimas.
La noche rumorosa.
La casa en que me esperas: tu mirada
perdida en el silencio de algún libro.
Algunas brasas. Tu sonrisa...

Si la muerte es el precio, qué barato."
- José Mateos -

No puedo dormir pensando si disfrutar del sol, de las estrellas, del mar o del bosque, de la poesía o del descanso es un privilegio de clase. 

No hablo de nuestro plano:
del pan de cada día, 
de un techo bajo el que cobijarse, 
del empleo digno
o de la calefacción en invierno.

Hablo de algo más allá. 
De contar con una mano 
que acaricie la tuya.
Y de esas cosas que te conducen a la plenitud, que se ven bloqueadas por la sed de dominio entre iguales.

Que no me responda nadie que no sea 
el niño que mira al cielo en Gaza;
la migrante que espera pagar el alquiler siendo esclavizada;
la niña que porta un rifle en Colombia,
cuando preferiría sostener una flor.

Una mujer que espera horrorizada un nuevo golpe 
o algo peor;
el abuelo enfermo 
o el agonizante en soledad.

El africano que lucha por su vida cruzando el mar, 
el que es juzgado por habitar la oscuridad de las adicciones,
la mujer embarazada que no desea ser madre.

El hombre que sufre la usura de gente con unas mínimas cuotas de poder y sin escrúpulos;
la chica que experimenta rechazo por su condición;
la niña no abrazada nunca por sus padres.

Las noches de la humanidad.
Tantas víctimas del sistema.
¿Cómo mirar el mundo con amor
desde la cloaca del sufrimiento injusto?

Ojalá ser tan leve como el jilguero, 
al que sólo se intuye entre las ramas del ciruelo,
o como la golondrina en su juego con la brisa marina.

¿No sientes nunca el miedo
de hacer daño a alguien?
¿De ponerte por encima?

viernes, 6 de junio de 2025

Un mundo habitable

¿Imaginas una mañana

como la de hoy 

sin los pájaros?

¿Un Dios que no fuera poeta?

¿Una vida sin las personas buenas

que te escuchan

y te miran bonito?

El mundo sería un espacio gris,

sin gozo ni armonía.


Pero los pájaros 

hacen cantar a los árboles,

el agua fluye casta en los manantiales,

los gestos cotidianos de ternura 

se suceden ante tus ojos ingenuos

y las personas buenas 

llenan tu corazón de paz 

y de consuelo.


Esta tierra es un lugar habitable,

incluso luminoso.

De colores.

miércoles, 14 de mayo de 2025

Cada vez que abro un libro de poemas

Poesía para hacer frente
a la desconfianza que genera el mundo,
a los fantasmas propios
y a las heridas ajenas,
a la amargura, a la soledad,
al abismo de las traiciones.

Al proselitismo y a la norma rígida,
a la necedad y a la malicia,
a los ególatras y a sus secuaces
ladrones de energía.

A la crueldad y a las máscaras.
Al ruido y a la prisa,
al burnout;
al dolor, la culpa y las cadenas.
A la podredumbre que carcome 
y a las sombras.

Poesía contra la dictadura de
la omnipotencia
la omnisciencia y
la opulencia.

Contra la obligación del estrés
para demostrar no sé qué
en nuestra sociedad del cansancio.

Contra el olvido,
contra la muerte.

Poesía para estar consciente,
vivir el presente,
aprender transparencia,
encontrar la luz,
reconquistar la Paz.

Para quererte,
reconocerse,
para redimirnos,
despertar la ternura;

para una mirada agradecida,
una mirada sin juicios,
una mirada que ve.

Para disfrutar la no-dominación:
cuidar de las hormigas 
igual que de las mariposas
y pensar con el corazón,
sintiendo con hondura.

Para comprender el lenguaje del agua,
del mirlo,
del roble.

domingo, 23 de febrero de 2025

Árboles

Dicen que vivimos hiperconectadas,

pero son los árboles quienes lo están.


Se comunican y se cuidan a través de sus raíces,

capaces de curar a los enfermos,
alimentarse y 
transmitir su sabiduría ancestral.

Son poética comunidad,
vinculados incluso en la distancia.
Aliados de la luz,
del aliento del bosque,
una voz que insiste:
"Permanece, corazón."

viernes, 12 de enero de 2024

¿La crisis de los treinta?

"En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable." 
William Ernest Henley -

¿Qué es eso que se te asienta en el centro del pecho y te impide respirar con profundidad? ¿Eso que te hace vivir en un estado de perpetuo aceleramiento y angustia a pesar de que, en principio, todo a tu alrededor está bien? Como en Primera Semana, que diría mi amigo Ignacio, "de mal en peor". Cuesta abajo ¡y sin frenos!

¿Sabes esa sensación de que tienes tantas cosas en la cabeza que no puedes pensar con claridad? Que se olvidan las tareas pendientes y te pasas el día haciendo listados de cosas para mantener una mínima organización que nunca terminas cumpliendo y como consecuencia, las listas son cada vez más y mayores?

Que oyes a la gente, pero no la escuchas y ni estás en lo que respondes ni en el cómo...?
Que estás cansada todo el tiempo y todo te da una pereza tremenda, pero te despiertas a mitad de la noche y no puedes volver a dormir...?
Que tu cuerpo pilla todas las infecciones y virus de las que siempre se ha defendido decentemente y ahora es una tras otra...?
Que vas sacando adelante las obligaciones, pero de manera mediocre. Y te importa una mierda...?
Que te enfadas o te preocupas por causas que antes no...?
Que ni te concentras para leer... Mucho menos para escribir...?
Que si tienes algún tiempo libre, prefieres desaprovecharlo con el móvil porque es la única manera de evadirte...? (Eneatipo 9 descentrada: ✔️)
Que no eres consciente de lo que haces ni de las ideas qué te invaden ni de las emociones que te atraviesan y cada minuto que pasa tienes la sensación de conocer menos quién eres y lo qué quieres...?
Que, con todo el cariño con el que eres capaz de mirarte, te preguntas cómo está el mundo tan bien hecho y tú eres semejante desastre constante?

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Más allá del reflejo

 "Para el tiempo que aún reste,
y para el cuándo que quizá le siga, 
quiero pedir, y sueño, 
que en los dominios de mi corazón 
ni la ortiga ni el cardo
encuentren la aridez donde agarrarse; 
que el ánimo, las manos, las palabras 
no se me tiznen nunca gravemente 
o por un tiempo largo, de miseria; 
que haya amor en mi pecho
y que, al sentirlo, todo tiemble en mí
como hoja verde que estremece el aire;
que todavía logren mis oídos 
escuchar las canciones de la vida 
y que mi propio canto 
-cobijo siempre para mí y consuelo- 
se avenga alguna vez a acompañarme. 

Y que mis ojos miren con asombro 
como despunta, tierna y lenta, 
la luz del alba.

- Eloy Sánchez Rosillo -

Hoy es un buen día para echar la vista atrás y contemplar esta pequeña maravilla que es mi vida. Y sonreír a pesar de las heridas. Los acontecimientos son como piezas de puzzle que no siempre tienen sentido. Sin embargo, ahora, desde ese futuro que ya llegó, esas piezas de rompecabezas se van encadenando. Y si las miras con cierta distancia, crean un dibujo lleno de color.

Como si fuera uno de esos crucigramas o juegos de palabras que esconden un mensaje transversal en su interior, también mi historia es atravesada por cuatro letras que parecen tener todas las respuestas y significarlo todo. A-M-O-R.


Hasta las situaciones, relaciones y sueños más absurdos tienen un hueco y una misión. Cada instante que ha rebosado el corazón y cada fracaso. Los recuerdos infantiles que un día, sin previo aviso, retornan a tu mente... Como si una mano invisible ordenara las fichas para escribir a partir de ellas la más bella historia jamás contada. Una historia original y perfecta para una protagonista imperfecta.

A cada paso, me descubro inundada de contradicciones que me enseñan a salir a flote. Soy una romántica, que ha perdido la fe en el romanticismo; una calma ebria de actividad; una ingenua, desconfiada; una hermana menor ciega de violencia y vanidad; una mujer libre con corazón de mimbre.

Albergo sentimientos intensos por individuos a los que apenas conozco frente a la rutina de quienes de verdad quiero. Sin embargo, he aprendido a dejar atrás pequeños amores que me roban tiempo y a dar prioridad a esas personas que son familia sin serlo. Tengo tanta gente dentro... que en los momentos de oración, lagrimean los recuerdos.

La lucha entre la búsqueda de armonía y la necesidad de conflicto, va a acabar conmigo un día de estos. Sufro daltonismo social en un mundo enfermo y veo el paisaje según los colores de mi lienzo. Habito de tantas formas en el centro de mí misma que cuando no me sorprendo, me doy miedo. Ardo siendo hielo y sólo me reencuentro en mi laberinto de deseos. 

Grito en silencio cuando las musas me muerden los dedos y escribo secretos que no digo, pero que pienso. Callo ante lo que no comprendo y no me achanto ante el postureo moderno. De las personas aprendo. Recibo más de lo que merezco. Y todo cuanto amo, con palabras, no lo expreso.

Adivino cenizas entre las letras de un cuaderno y me pregunto si es posible nacer de nuevo. Quiero ser la claridad del cielo, pero me intoxican los nubarrones del invierno. Y me alegro: puede que nunca vuelva a ser lo que estoy siendo.

Cada día despierto mi espíritu aventurero, portador de luces, sombras y anhelos. Hago el intento, caigo, pierdo el talento. Me abrazan fantasmas a los que no rezo y entonces... me recupero y creo. Creo en lo bueno, en lo bello, en lo verdadero y en el afecto sincero que cabe en un verso...

Abro mi caja de Pandora para que salga lo que aún conservo y dudo si permanecer o salir corriendo. Sé que todavía quedan monstruos en mis sueños y sigo prometiéndome que voy a vencerlos.

Lo siento si molesto. No pretendo contar un cuento, no soy bruja ni maestro. Sólo soy ese algo más tras la imagen del espejo.

"Camino entre cristales,
los pies desnudos,
mudo de piel,
soy vagabundo"

Este es el secreto que he descubierto: alzar la mirada, no centrarme en mí a cada momento, para contemplar un cielo abierto, más allá de mi ombligo y mis desiertos.

domingo, 17 de abril de 2022

Los ángeles no tienen corazón

...tienen alas...

No hay nada comparable a las primeras veces. La primera vez que vuelas en avión. La primera vez que te bañas en el mar, hundes los pies en la arena y miras el horizonte. La primera vez que ganas algo de dinero por tu trabajo. La primera vez que vas a la universidad. La primera vez que ves esa obra de teatro que te encanta. La primera vez que te tiras en paracaídas. La primera vez que pruebas un cappuccino italiano. La primera vez que contemplas la Sagrada Familia de Gaudí. La primera vez que conoces a alguien y le miras a los ojos, por primera vez...

La primera vez que te vi tenías la mirada de una persona de mil años, como un hombre lleno de invierno. Y un enigma escondido tras la sonrisa. Pero no fue tu aire de perrito abandonado lo que me impulsó a adoptarte. Fue la ingenuidad de tu pensamiento. Tu corazón sencillo, sentimientos laberínticos. Siempre me gustó tu risa contagiosa, esa manera tan especial de querer, camuflada de normalidad; tu capacidad para poner patas arriba mi vida, tus locos -aunque escasos- momentos de espontaneidad contenida. Y tus manos grandes capaces de sostener y abrazar el mundo entero.

Es guay querer a la gente, a todas las personas. Pero es que tú eres querible versión premium. Contigo no existe un plan B: hay que quererte sí o sí. Eres infinitamente más estrujable que el resto de la humanidad. No me entiendas mal: somos como dos gotas que cayeron de la misma nube, pero no pueden ni deben ni quieren compartir el mismo charco. Es bonito saberlo, aunque cuesta vivir solamente la mitad del camino.

¿Cuántas cosas no gritaste y cuántas mentiras dejaste escapar? Admito que yo también me callé los "te quiero". No hay palabras cuando el alma se desborda. Soy un libro abierto muy fácil de leer para tan experto epigrafista.

¡Qué difícil eres cuando te escondes tras trescientos ochenta y siete días! Eres complicado cuando me haces falta. Como si no bastase hacerte memoria en la distancia. Como si no bastase ese pedacito de suelo que ya es nuestro para siempre. Como si no bastase verte en sueños o de vez en cuando, sentir que el viento me trae el eco de tu voz. Bendita inocencia la mía.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Navidad en Greccio

"Ved, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante Él vuestros corazones" 
(CtaO 27-28)

Hace unas horas que ha amanecido y el sol se eleva brillante sobre el Valle de Rieti, difundiendo sus rayos cálidos por los campos y cumbres escarpadas, donde el aliento frío del invierno ha convertido el rocío de la mañana en un manto plateado de escarcha.

Francisco arrastra hacia la luz uno de los tiestos de flores que plantó meses atrás y que ahora muestran sus mejores galas de colores, esparciendo su aroma por la estancia. Se maravilla de ver cómo han crecido con un poco de tiempo y cuidado. “Así somos también nosotros”, se dice y piensa en la celebración de la noche y en las circunstancias en las que una pareja joven se encontró hace poco más de mil doscientos años. Qué menos que prepararse para darles acogida en esa Nochebuena.

Escucha cantar al hermano León. Está afuera, trabajando con el mimbre. Francisco sonríe. Es afortunado por contar con el hermano León, el más simple de sus hermanos. Le quiere y le agrada su compañía. Admira su actitud prudente y su alegría serena. Después de vivir tantas situaciones juntos, tiene toda su confianza y da gracias por poder hablar con él cuando algo le preocupa, o sencillamente para expresar una idea o una moción del Espíritu. León no es sólo un compañero de viaje, un hermano de comunidad, su confesor, secretario y enfermero, sino que sobre todo es un verdadero amigo. 

Francisco se asoma a la salida de la gruta e inmediatamente León calla. 

- Si te molesto, padre, puedo continuar en silencio- le ofrece. 

- Al contrario. Disfruto de escucharte. Pero ahora, hermanito, ayúdame a llevar estas flores hasta el pesebre donde esta noche nacerá el Niño Jesús. 

Y marchan, cantando, por el paisaje rocoso hasta su portal de Belén. 

Francisco sabe que ésa es la noche más bella del año y está contento de celebrarla con algunos hermanos y los habitantes de Greccio. Su vida no sería la misma si ese Niño no hubiera nacido y, al pensarlo, siente que el corazón se le expande en el pecho, embriagado de gratitud y esperanza. 

Aún recuerda la primera vez que se encontró con Él, cara a cara. Antes había tenido otras llamadas, pequeños toques de atención que Francisco se empeñaba en ignorar u olvidar con el paso del tiempo, imprimiendo en su interior una herida de pérdida y vacío que era imposible sanar con su rutina de excesos. Hasta esa noche de camino a Espoleto. Su intención era llegar a la Apulia para armarse caballero, pero Alguien cambió el rumbo de su destino. No fueron las palabras que le dirigió aquel hombre moreno de semblante tranquilo, que vio en sueños. Fue sobre todo su mirada. Una mirada que le atravesó, derribando cada una de sus viejas murallas, haciéndole sentir vulnerable y plenamente libre. Francisco, por naturaleza creativo, jamás podría haber imaginado una sensación tan intensa, ni un amor tan grande y profundo como nunca antes había experimentado. Por eso, cuando despertó, lo hizo con la certeza férrea de que sería caballero, sí, pero de otro señor. 

Desde entonces, había comenzado a frecuentar a los leprosos y a disfrutar de la compañía de los más desheredados. Hasta que lo halló de nuevo. Abandonado, sucio, casi ni se le distinguía el rostro cubierto de mugre sobre el madero, como un mendigo más, en la capillita derruida de San Damián. “Francisco, ve, repara mi casa...” 

lunes, 29 de noviembre de 2021

Un hogar privilegiado

Te lo prometo. No hay ciudad más bonita en el mundo que Pamplona en otoño. O, al menos, así me lo parece a mí. No tiene nada que envidiar a esas majestuosas ciudades, famosas por su belleza arquitectónica o su paisaje.

De madrugada, las nubes resbalan desde el cielo para humedecer la atmósfera y los adoquines. Es la hora de los enigmas, de las leyendas antiguas que embrujan la vieja Iruña. Esa hora gris, cuando la ciudad se despereza, se sacude la hojarasca y tiende una resbaladiza alfombra para quienes, con las mentes aún somnolientas, atraviesan el ambiente helado entre exhalaciones de vapor.

Nunca antes me había sentido tan afortunada por disfrutar de ese momento, ataviada con mi abrigo, la bufanda y un gorro, para hacer frente a las bajas temperaturas. Como alguien que, oculta entre las últimas tinieblas de la noche, es capaz de leer los anhelos y esperanzas de viandantes sonámbulos. Aunque en realidad, sólo las imagine.



Todos los días el mismo recorrido, los mismo lugares a las mismas horas. Los mismos amaneceres malvas y ocasos escarlata. El mismo sol tímido que crea reflejos en el Arga o se esconde de la lluvia, velando su rostro a los charcos. El mismo parloteo incesante, los graffitis y los símbolos diversos colgando de fachadas destartaladas. Las obras en Pío XII con las que nadie está conforme, el tráfico, las esperas en los semáforos o en los ascensores que suben a Descalzos. Esa iglesia tan tétrica y acogedora a la vez, cuyos santos me observan desde sus pedestales en la oscuridad. El parque de la Taconera con sus contrastes de amarillos, rojos y verdes, los bancos de madera y los ángeles de las aceras dejando caer lo minutos en una prórroga eterna... 

Todo sucede en este escenario mágico, en un entorno que rebosa encanto dentro de su normalidad sencilla, invisible para tant@s. El corazón me da un vuelco al saberme privilegiada por esta rutina hechicera, donde l@s desconocid@s se convierten en familia, de la que no conozco nombres ni historias, pero a quienes agradezco la sonrisa diaria. L@s echaré de menos cuando mi cotidianidad se rompa y cambie.
Fotografías de "Rincones y lugares pamploneses"
A continuación, los mediodías tardíos prendidos de silencio, las calles desiertas, el aroma a comida y marihuana escapando de los bares y de los balcones del primer piso. Después, la calma y la serenidad que preceden al jolgorio y a la risa.

Cuando el atardecer se apaga entre las callejuelas abarrotadas y la ciudad se viste de gala; cuando la luz de las farolas dibujan los contornos y trazan formas en la bruma, mientras el frío pinta de azul las yemas de los dedos... Entonces, en la hora naranja, aparecen.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Boceto de un autorretrato

Soy lluvia mansa,

huracán,

noche clara,

estrella fugaz.


Ilusa por naturaleza,

ignorante de vocación,

cierta tendencia a la tristeza

y la cólera facciosa en perpetua contención.


No me asusta el fracaso

ni me da miedo querer,

no le temo al ocaso

ni a un nuevo amanecer.


He aprendido a cantar

en las horas más sombrías.

Muchas cosas por cambiar,

de todo hacer poesía.


Soy amoroso desastre,

diaria contradicción,

admiradora del arte,

talento en evolución.


Estas son las pinceladas

de mi primer autorretrato.

Siempre gano mis batallas:

cuando no muerdo, araño.


Soy misterioso universo;

discurso ahogado en orujo,

imperfecto verso incierto

de un vagabundo mudo.


Mi niña eterna disfruta

de cuanto existe alrededor.

Y a veces, me siento una intrusa

en mi propio interior.

jueves, 6 de febrero de 2020

Tempus fugit

"Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar."
- Antonio Machado -

Tiempo. 
Siempre he tenido problemas con el tiempo. Porque corre muy deprisa o porque se desliza muy despacio. Porque me falta o porque me aburro.

El tiempo. 
Ese concepto abstracto que nunca aprendo a medir, que se me escapa, que hace ponerse el sol y me levanta de la cama cuando todavía me aferro a los sueños. Dirige la vida, conlleva rutinas, obliga a la organización. Nos roba a aquellas personas que más queremos y es causante de que las imágenes se difuminen en una acuarela de olvido.

jueves, 29 de agosto de 2019

Juana Jugan: humilde para amar

"Porque el mundo no siempre es un obstáculo para orar por el mundo. Si algunas deben abandonarlo para encontrarlo y alzarlo hacia el cielo, otras deben sumirse en él para alzarse, con él, al mismo cielo... Envueltas de barro, abrasadas por tu espíritu, unidas a todas, unidas a Ti." - Madeleine Delbrêl, trabajadora social, mística cristiana y poeta.

"Amen mucho al buen Dios. ¡Es tan bueno! Todo por Él, hagan todo por amor"

Juana se despierta temprano. Como cada día. Y se viste con el áspero hábito desgastado, mientras sus labios recitan una oración en silencio. Atrás quedaron los días de aventura, de abrir nuevas casas donde amar a las personas mayores más pobres, de curar las heridas que la experiencia y las circunstancias han infringido en ellas, de encender una luz en medio de una soledad que amenazaba con arrugarles algo más que la piel. De acompañar su último y definitivo viaje.

Atrás quedó la cercanía de cuando sólo eran tres o cuatro compañeras. Ahora cientos de hermanitas se dedican a la oración y al cuidado, asumiendo ese cuarto voto de hospitalidad, traducido en acogida y gratuidad infinitas. Ahora ella también es mayor y aunque cansada, siente que todavía puede hacer un esfuerzo más.

Los últimos veinte años los ha pasado en La Tour Saint Joseph, la casa madre y noviciado. Antes, había sido la encargada de mendigar casa por casa para cubrir las necesidades de las personas que atienden. Todo fue idea del padre Le Pailleur, un sacerdote que las apoyó al principio, pero que más tarde quiso relegarla de sus responsabilidades como fundadora y nombró a una Madre General mucho más joven, que pudo manejar a su antojo y así figurar como el creador de la nueva congregación. Juana todavía siente como la mira con desdén cuando llega de visita, pero no se lo tiene en cuenta ni le guarda rencor. Ya le dijo todo lo que le tenía que decir

Sale de la habitación con paso lento y enseguida siente una presencia a su lado. Es una de las novicias, sor Celina, quien le agarra del brazo y la ayuda a caminar hasta la tribuna, en una esquina, donde a ella le gusta sentarse para rezar. Le sonríe agradecida. Echa de menos el trato con las ancianas pobres, pero acepta con verdadero afecto la compañía de las jóvenes novicias. Le agrada contarles sobre los inicios y darles consejos. 


Cuando finaliza la oración de la mañana, Juana todavía se queda un rato más en contemplación. Le alegra saber que más allá del tiempo o de las situaciones vividas, Dios sigue siendo el mismo. El mismo que le sostuvo cuando tuvo que dejar a su familia para emplearse en otro lugar, el mismo que instauró en su corazón la promesa de una vocación diferente, por la que rechazó insistentes propuestas de matrimonio; el mismo que le había dado la fortaleza de salir a pedir para sus pobres el pan de cada día, aunque más de una vez recibiera gritos, golpes e insultos. El mismo Dios que le impulsó aquella noche de invierno a ceder su cama para una anciana mendiga y ciega, siendo aquello un punto de inflexión en su vida. Recordaba ese día con nitidez, así cómo las emociones que le invadieron.

Saint-Servan era un pueblo pesquero cuyas callejuelas aún arrastraban el aliento de la revolución y los grises edificios sudaban humedad y salitre. Aquel día llovía a mares y el frío calaba los huesos. Juana era entonces una mujer recia, de buen porte y mirada transparente, con el típico carácter duro de las bretonas. Volvía a la casa que compartía con una buena compañera, tras todo el día sirviendo en diferentes familias acomodadas.

Poco antes de llegar a su destino, bajo uno de los arcos cercanos al puerto, Juana se cruzó con Ana. La anciana ciega ejercía la mendicidad porque ya no se podía dedicar a otra cosa. 

- Pero Ana... ¿qué hace aquí a estas horas?- la saludó Juana- ¡Arriba! Que va a coger un constipado. La acompaño a casa- la animó, ayudándola a levantarse.

Entonces lo sintió. No sabría explicarlo con palabras. Pero fue la certeza plena que durante tantos años había estado esperando. “Es ahora”. Ya no podía seguir socorriendo a pobres y enfermas de forma puntual. Tenía que ser su hermana. Muchas veces había divagado sobre dejarlo todo e irse a vivir a las calles y caminos, pero la llamada fue otra: ella les daría un hogar de verdad y compartiría su pobreza, pero dotándola de dignidad. Y así como lo sintió, lo decidió. Y se llevó a Ana a su casa.

sábado, 25 de mayo de 2019

Derecho a la melancolía

Lo reivindico desde una serenidad plena. 

El derecho a la melancolía. El derecho al fracaso. El derecho a la ignorancia. El derecho a no poder, no saber y no tener. El derecho a la soledad. El derecho a la espera. El derecho al silencio. El derecho a la fealdad. El derecho a la diferencia. El derecho a la imperfección. 

Y frente a estos derechos, las tiranías modernas del bienestar y la euforia; del éxito, del conocimiento, de la omnipotencia, la omnisciencia y la opulencia; de la popularidad y la diversión; de la inmediatez, del bullicio, la imagen, la trivialidad y de la perfección.
La sociedad líquida

Últimamente, no estoy en mi mejor momento. No obstante, mirando cómo me encontraba en años anteriores, se repite y no es extraño: estamos a finales de mayo y necesito unas vacaciones con urgencia. Desfogar toda la tensión acumulada, consecuencia de la responsabilidad que me acarrea el trabajo social... Descansar. 

Además, influyen las preocupaciones por los cambios laborales, la incertidumbre (y la pereza) de las próximas oposiciones, más las situaciones personales y familiares. Soy consciente de dónde viene mi malestar y sí, estoy triste. ¿Y qué? No se acaba el mundo. ¿Quién no lo está de vez en cuando? ¿Quién no ha perdido el apetito sueño por algunas complicaciones de la vida?

"¿Se puede vivir llevando nuestra porción de noche? Sin duda. ¿Se puede aprender a cantar también en las horas sombrías? Creo que sí. Probablemente con melodías más tranquilas, pero igualmente hermosas. ¿Se puede mantener la perspectiva para percibir el propio lugar en el mundo como un lugar bueno, también cuando una se encuentra más desubicada, más herida, más incómoda? También diría que sí."*

Es verdad que existe en mí cierta tendencia a la melancolía y déficits de serotonina difíciles de estabilizar. Pero más allá de eso, hasta que no le puse nombre, lo estaba viviendo con mucho más pesar porque, quieres estar bien (¿y debes?), por ti y por las personas de tu alrededor, pero no puedes. Cargar con la dictadura del "estar bien siempre" o, al menos parecerlo, resulta agotador. No significa que sea una persona infeliz. Creo que la felicidad es "algo" (¿una decisión? ¿un don?) más profundo, suave y cotidiano. ¡Desde luego que soy feliz! Me siento agradecida por todo muchísimas cosas.

domingo, 3 de marzo de 2019

Miedos

Me da miedo que llegue el día en que me mire al espejo y no me reconozca. O peor aún, que me reconozca y descubra que soy como nunca quise ser. Como Dorian Gray, siendo en apariencia como la sociedad quiere, pensando y sintiendo como una autómata más, pero con el interior podrido, vacío. Ebria de egocentrismo e individualismo. La moda de las masas.

Me da miedo haberme perdido en ideologías, política; entre lógicas y razonamientos; olvidando lo esencial. Me da miedo embarcarme en mil aventuras con la pretensión de no encerrarme, de vivir, de salir del cascarón, para darme cuenta demasiado tarde que mi vida estaba entre quienes lo dieron todo por mí, en los momentos sencillos, en la simple alegría de compartir. Me da miedo el amor materno/paterno. Me da miedo apegarme. Me da miedo el egoísmo que me cubre de indiferencia, de argumentos para justificarme. Me da miedo acostumbrarme a la injusticia y a esa horrible distinción entre ricos y pobres. Me da miedo que la soberbia haya convertido mi corazón en piedra para siempre. Me da miedo que mis deseos sean, en un futuro, cadenas. Me da miedo soñar sueños fáciles que me inducen a una vida mediocre. Me da miedo no estar preparada para las grandes utopías.

Me da miedo la incoherencia entre mis valores y mis actos. Me da miedo ser consciente. Me da miedo no poder engañarte al respecto. Me da miedo ser insensible a los problemas ajenos. Me dan miedo las lágrimas de cocodrilo y desaprender el llanto. Me dan miedo los abrazos no sinceros porque duelen. Me dan miedo las palabras pronunciadas sin que pasen el filtro del corazón. Me da miedo las ataduras, pero me siento segura en su regazo. Me da miedo la inestabilidad, no ser capaz de desvestirme de este disfraz.

Me da miedo esa rabia que consume, el acomodamiento que aplatana, la sonrisa que se pierde entre las comisuras sin que nadie la reciba. Me da miedo no estar atenta y no caer en los detalles. Me da miedo el chantaje emocional y que “me coman el tarro”. Me da miedo la frivolidad, la crueldad, la agresividad diplomática. Me da miedo mi incapacidad para amar mejor e incondicionalmente. Me da miedo no saber o no poder hacer lo que debería. Me da miedo que me venza el desánimo, perder la esperanza, dejar de intentarlo. Me da miedo la mala memoria. Me da miedo quedar varada en el pasado, no recuperar partes de mí que se me olvidaron por el camino y me aterra pensar que no me reencontraré con las personas que lo hicieron posible. 

Me da miedo el país de Nunca Jamás y las despedidas; el "para siempre", la esclavitud a algo... o a alguien, que me mutilen las alas -o las ganas de volar-. A veces, me da miedo no ser recordada por gente que es parte de mí. Me da miedo no mostrarme quién soy a mí misma. Me da miedo no encontrarme, no encajar nunca en ningún sitio, no formar parte de nada, estar sola rodeada de incomprensión. Me da miedo el tiempo, que pasa, no se detiene, no retrocede y nunca vuelve.

Me da miedo no saber qué es verdad y qué no lo es. Me da miedo sentir miedo, no ser invencible, estar bloqueada, que la confusión me aprisione. Me da miedo acostarme cada noche preguntándome por qué hay personas maravillosas tan lejos de mí.

Pero, sobre todo, temo que el agujero negro me engulla y ahogarme en el fuel, sin estrellas, sin colores, sin arena donde merezca la pena dejar huella.

sábado, 16 de junio de 2018

Oda a la peregrina

Anakephalaiosis
Y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende
("La vida es sueño", P. Calderón de la Barca)

Lleva equipaje ligero.
Un hatillo lleno de nombres,
mil rostros en el recuerdo
y proyectos infinitos para el camino.

Echa la vista atrás y mira:
los obstáculos sorteados,
las cuerdas rasgadas que ataron sus tobillos,
las pieles bajo las que se camufló,
las personas a las que decidió no imitar ni seguir
y otras rutas que renunció a recorrer.

El dolor que implica
el crecimiento,
la libertad,
curar las heridas
y poner nombre a la propia fragilidad.

El valor que exige
vencer los miedos,
decir que no,
decir que sí
-sobre todo a las personas cercanas-,
dejar de dar explicaciones,
seguir al corazón frente a lo socialmente aceptable,
enfrentarse a los mensajes negativos que, con malicia o sin ella,
llegan desde fuera para convencer de la ausencia de capacidad,
para cambiar la dirección, para bloquear los sueños.

Aprender (siempre aprendiendo)
que agradecer los dones no es orgullo
sino autoestima y conocimiento personal,
que no todas las luchas son violentas
aunque conlleven conflicto,
que ser más racional que sentimental
es más ventaja que inconveniente.

Perdonar (primero a una misma)
los errores,
las exigencias,
los cuchillos envueltos en palabras
-o en intenciones-,
la incomprensión...
porque no hay comunidad humana perfecta,
sino diálogo, paciencia, amor, confianza.

Aceptar (donde hay humanidad, hay límites, ¡qué maravilla!)
que no puedes andar cincuenta kilómetros en dos días
-aunque otr@s sí lo hagan-,
si estás hecha para caminar treinta en una semana.
Ella no desea competir, sino cooperar
y disfrutar del paisaje en buena compañía.

Y vio su reflejo en los charcos
y asustada rechazó volver a mirarse,
hasta que se limpió las pestañas
del barro y sus legañas.
Y tuvo que quererse así:
más real que ideal.
Menos de piedra y más de piel.