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miércoles, 8 de marzo de 2023

Mi hermana negra

A Fatou.

Nadie lo sabe, pero tengo una hermana negra.
Una hermana africana, que vive en una choza.
Trabaja el campo con su hijo cargado a la espalda.
Con la mirada perdida en la nada.

Mi hermana de vientre hinchado y tez amarilla.
Mi hermana murió al nacer.
Ella murió al dar a luz.
Murió de sida, malaria y desnutrición.

Pesadillas de agua contaminada,
desierto,
hambre.

Su padre la vendió
a un monstruo maltratador,
y ella será repudiada y quedará sin derechos.
Forzada a no ser, pero sí a hacer.
Privada de sus hijas.
Invadida. Nadie.

Arma de guerra.
Que sufre y no tiene rostro.
Que grita y no tiene voz.
Invisible.

Cada día es violada por una multitud.
Huye a Europa en patera,
y la engañan para ejercer la prostitución.
Emigrante. Sin valor.

martes, 8 de marzo de 2022

Marea violeta


Avanza, mujer, que tus sueños son mi vuelo.
Aunque hoy estemos de duelo
Mañana gritaremos de euforia,
porque pasito a paso, transformaremos la historia.

Ayer fuimos invisibles.
Hoy, ojalá indivisibles.
Mañana, invencibles.

Así que no te detengas, canta.
No te detengas, planta.
En la esperanza de que ningún bosque creció de una sola semilla,
pero somos unas cuantas.

Tu arte en cada paso me inspira.
Eres mi fuerza, el coraje, la pasión y la ternura.
El palpitante corazón que respira
palabras de libertad sin censura.

Ríe... Que tu risa es cascada y apaga mis fuegos. 
Aprieta los dientes y cierra los puños ante el miedo.
Que sin conocerte, te admiro; y sin hablarte, te quiero.

Me siento en casa en las calles inundadas 
por tu rebeldía y tu rabia morada. 
Estas calles conquistadas son un campo de batalla 
en la rutina mancillada de opresión y competencia.
No somos más esa herencia
engañosa y trasnochada.
No da tregua la violencia
en nuestra historia relegada.

Somos olas y somos mar.
Somos tormenta y vendaval.
Juntas somos mucho más.
Somos vientos de igualdad.

Somos las que buscaron justicia y no la encontraron.
Somos baile, grito y canto.
No más sufrimiento callado,
ni maltrato amordazado.
Somos UNA frente al llanto
de tantas como nos faltan.
Somos locas y estamos hartas.

Soy negra, mulata y gitana.
Soy la bruja que quemaron.
Soy aquella que desata el nudo de su garganta.
Soy resaca de victorias que otras nos alcanzaron.

Soy todas las esclavas de la demanda ajena.
¡Qué le jodan al proxeneta 
y al macho de la caverna!

lunes, 1 de marzo de 2021

La princesa que escapó por la ventana y se piró

La princesa vivía encerrada en la lujosa torre de palacio, donde sólo debía preocuparse por mirarse al espejo y ponerse guapa para el príncipe azul que fuera a rescatarla del dragón que la custodiaba tras esos muros.

Un día, mientras barría el suelo de su alcoba, se preguntó por qué tenía que usar la escoba para algo tan vulgar y aburrido, cuando había un sinfín de otras actividades más provechosas que podía realizar con ella. Así que, con gran determinación, se quitó ese horrible vestido que le oprimía el pecho, montó sobre su escoba y salió volando por el pequeño ventanuco.

Entonces, se dio cuenta de que era libre, que la vida de fuera era fantástica y que no necesitaba que la salvaran. Que nadie podía decidir por ella su futuro ni su felicidad.

Y se dio cuenta, que no había dragón ni hechizo que la obligaran a quedarse en el palacio, que todo habían sido mentiras para que los príncipes azules mantuvieran sus privilegios y el mundo continuara su curso como hasta ahora.

Y se rebeló. Fue consciente de que ella tenía muchos más talentos que haber aprendido a limpiar y saberse maquillar. Que merecía mucho más que una vida de espera para ser convertida en trofeo. ¿Quién le garantizaba que le gustaría el príncipe? Nadie le había preguntado su opinión. No deseaba malgastar su tiempo besando sapos disfrazados. 

Vio como, al no pintarse, se le notaban las verrugas de la cara, pero no le importó, porque ya no usaba espejos y sólo tenía que gustarse a sí misma. Además, las otras brujas también tenían defectos, pero éstos no les impedían vivir en armonía, respetándose y ayudándose.

El rey, el padre de la princesa, encolerizó al enterarse de la noticia y amenazó a su hija con desheredarla si no regresaba a su cárcel de mármol.

Y la antigua princesa, no tuvo más remedio que tintar su sangre azul para volverla maravillosamente roja, perder comodidades, corona, lujos, protocolos, amistades de conveniencia, la obligación de la boda, de ser madre, florero y fregona.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

25N

"Nadie en la historia ha conseguido nunca su libertad apelando al sentido moral de sus opresores" 
- Assata Shakur -

Si los hombres y algunas mujeres entendierais el dolor y la impotencia que nos causa a las feministas leer, escuchar, ver o sentir cada día, las violencias que se ejercen hacia las mujeres... 
Las asesinadas, 
Las desaparecidas, 
Las rociadas con ácido, 
Las violadas, 
Las secuestradas, incluso en sus propias casas... 

Quizás entonces comprenderíais esta rabia que nos nace fruto de la injusticia normalizada. De normalizar la violencia hacia nosotras.

En el feminismo no existe la victimización. Al contrario, se pretende el empoderamiento de todas las mujeres. Lo que sí tenemos en cuenta es el término "víctima", que por cierto es un concepto jurídico, que hace referencia a la persona que sufre los efectos de un delito, de manera directa o indirecta.

Por la evidente diferencia de derechos entre hombres y mujeres, 
como la estudiadísima carga de trabajo doméstico, 
los abandonos parentales, las familias monomarentales y la patraña de las custodias compartidas,
la violencia vicaria (¡dejad a la infancia en paz!);
la desigualdad salarial, los techos de cristal, 
la esclavitud sexual que tan divertida os parece; 
los chistes sexistas y el pacto de silencio masculino para cubriros entre vosotros; 
los vientres de alquiler,
la apatía machista para no perder privilegios (¡queremos hechos!);
la feminización de la pobreza, las críticas ante el incumplimiento de los roles de género, 
la falta de apoyo del poder judicial, 
el gaslighting,
el linchamiento a las mujeres que deciden abortar, cual quema de brujas...

La ablación genital femenina.
La mercantilización y cosificación de nuestros cuerpos.
El acoso y el abuso de poder.
El odio y la misoginia.
El cuestionamiento constante de nuestro talento y nuestra verdad.
El mansplaining.
El manspreading o que ocupéis un espacio que no es vuestro.
La desposesión de la tierra y de todo, incluso del propio ser.
La invisibilización en la Historia.
El silenciamento en instituciones como la Iglesia.
La falta de condiciones y salarios peor retribuidos en profesiones esenciales, pero generalmente femeninas.
La exigencia del tiempo y de cumplir con lo establecido: con la maternidad, la suavidad, los roles de género, la imagen perfecta.

Hoy, ni una crisis sanitaria ha frenado esta marcha legendaria.

martes, 28 de julio de 2020

Vera no trabaja frente a mi ventana

“El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas"
- de Cheris Kramarae/ Angela Davis
 
El día que la conocí llovía a mares. La tormenta había comenzado sin avisar y a mucha gente nos sorprendió en mangas de camisa. La ciudad se volvía más caótica, si eso era posible, en los días de lluvia. Una cortina de agua descendía hacia la tierra y al rumor de las gotas chocando contra el suelo se unían los truenos y el ruido del tráfico. Ríos de agua anegaban las aceras y formaban charcos en el asfalto. Sin embargo, ni un cielo de plomo ensombrecía esa luz especial que caracteriza a la capital italiana ni eliminaba un ápice de su belleza natural.

El diluvio me pilló en mi plaza favorita. Algunas tardes, si me daba tiempo tras salir de la facultad, paseaba hasta el centro y comía en la cantina que regentaba un indio de sonrisa fácil, donde cocinaban la mejor pasta del mundo. Después, recorría los callejones inundados de turistas y me maravillaba ante el arte de los edificios y esculturas, para terminar deleitándome con un helado o un capuccino en Piazza Navona. Llevaba un par de meses allí y ese ambiente me seguía fascinando. Era como sentir mil mariposas en el estómago.

Aquel día, por uno de esos milagros que sólo pueden asombrar en Roma, alcancé mi autobús a tiempo en Via del Corso -hecho inaudito- y, salvo los bajos de mis pantalones, no me empapé demasiado.

Ella estaba donde siempre, recogiendo sus pertenencias bajo el pequeño toldo de un pub. A decir verdad, ella y yo nos conocíamos desde mi llegada a la Città Eterna. Podría decirse que se ganaba el jornal en la calle, cerca de donde yo vivía y la veía muchas veces cuando me dirigía a la universidad y al regresar. Pero nunca habíamos hablado. Hasta ese momento. El momento en el que, con mi italiano chapurreado, le presté el paraguas para que no se mojara de camino a la habitación que ocupaba junto con su hija.

Desde aquel día, nos saludábamos al pasar. En una ocasión en que el frío arreciaba, la vi desde mi ventana. Cruzaba la carretera para dirigirse a su puesto habitual y se me ocurrió llevarle un café caliente y unas pocas pastas que había comprado por si tenía visita. Nos sentamos en un banco y nos presentamos. Se llamaba Vera y era brasileña. Se había asentado en Roma, como podía haberlo hecho en cualquier otro sitio, buscándose la vida. Y lo hacía. Se prostituía. No debía ser mucho mayor que yo, pero su mirada parecía haber visto más miseria y tristezas de lo que yo vería en cien años. Para Vera, la ciudad no tenía la magia que yo intuía entre sus adoquines, ni disfrutaba de los conciertos que los músicos bohemios brindaban a plena luz del día. Para ella, aquel era un país más, cuyos muros llenos de historia hedían horror y corrupción. Sin embargo, Vera todavía reía. Tenía la carcajada clara y sonora del repicar de las campanas.

Durante un tiempo, continuamos reuniéndonos en ese banco a charlar con la excusa de un café. Hasta que un día me atreví y la invité a mi casa, un pisito que compartía con otros estudiantes, que apenas paraban en él. Aceptó, a riesgo de perder a los puteros que le pagasen el alquiler del mes. Para ese encuentro, ya sabíamos muchas cosas la una de la otra. Éramos amigas. Y ambas habíamos perfeccionado nuestro italiano. Vera decía que pasaba gran parte de su día desnuda ante desconocidos, pero sin compartir una intimidad real como lo hacía en esos momentos, ante una muchacha que sabía poco o nada de la vida, pero no juzgaba la suya.

jueves, 28 de febrero de 2019

Capullolandia, un lugar donde (sobre)vivir

Érase una vez, en un reino no muy lejano llamado Capullolandia, bajo el lema de lo políticamente correcto, cada capull@ hacía lo que le daba la gana, siempre precedid@ por palabrería de alta gama que escondía valores no tan altos.

Gustaba a la ciudadanía capullina que se le dorara la píldora y se le palmease la espalda delante de multitudes. Era costumbre en l@s habitantes, denostar a otr@s, seguramente no tan capull@s y despreciarles por su origen, profesión, físico o aficiones, siempre quedando por encima, casi siempre a escondidas y entre el gentío.

Como en los otros reinos de la imbecilidad universal, en Capullolandia se gobernaba desde una dictadura invisibilizada, disfrazada de democracia.

domingo, 25 de noviembre de 2018

La abuela

"Si estás aquí es porque necesito conocerte
Y así las hijas de mis hijas
Sabrán que hubo una abuela
Que se acercó a mito"
- Rozalén -

"Vida, trabajo y humor..."

La niña siempre imaginaba a la abuela en blanco y negro, como en las fotografías de los viejos álbumes que había en casa. La abuela era una mujer corpulenta y cuando subía a su nieta sobre sus rodillas, ésta se sentía en el lugar más seguro del mundo, abrazada por esos enormes brazos y recostada sobre su pecho cálido. La abuela se dedicó a lavar y lavar, tal vez por esa razón se recogía el lacio cabello azabache en un moño que sostenía con una peineta de hueso y vestía con batas oscuras hechas a medida, con topos o flores blancas. A la abuela le gustaba la colonia y salir a la calle arreglada, aunque jamás se pintó, ni falta que le hizo.

Se casó con un mozo del mismo pueblo, labrador, al que conocía de toda la vida. Tuvieron once hijas, pero la abuela fue ama de leche de otras tantas criaturas. Era una mujer de carácter fuerte frente a un marido de talante tranquilo y amable, quien lloraba a moco tendido con las novelas del oeste y que, de vez en cuando, empinaba el codo y regresaba al hogar más cariñoso y alegre de lo habitual.

En las noches de verano, salían a departir con las vecinas y la abuela mandaba a sus niet@s a por agua a la fuente para refrescarse. Le gustaba jugar a las cartas y charlar. Se interesaba por la gente, pero no por malicioso cotilleo, sino porque realmente se preocupaba por unas y por otros. 

Las mañanas de sábado, la nieta se despertaba con el rico aroma a café recién hecho. Sus padres habían marchado a trabajar y en la cocina estaba la abuela. Al carecer de cafetera, hervía el café en puchero, al que añadía una buena dosis de azúcar y pedazos de pan seco. Las semillas molidas se filtraban a través de una manga y tintaban el agua mezclándose con el resto de ingredientes. Eran los desayunos secretos entre abuela y nieta. Quizás por eso, por el cóctel de confidencia, glucosa y afecto, se convertía en el mejor momento del día para ambas. Otros, eran las meriendas bañadas en chocolate, procedente de la tendera de la esquina, a la que la abuela mandaba a su nieta con una mirada pícara y un susurro cómplice.

La abuela tuvo una hija muy especial. Una hija que la cuidó en la vejez y con la que convivió gran parte de su vida. Esta hija contenía en la mirada la bondad del mundo y aunque a muy temprana edad tuvo que abandonar el hogar para trabajar en otras casas y servir a otros señores, la relación nunca se enfrió. Esta hija de ojos color mar también se casó con un hombre bueno y tuvo una hija y dos hijos. Más tarde, llegaron l@s niet@s. Y nunca nadie ha querido tanto a un@s niet@s como ella. Siempre ha estado ahí para ell@s, con esa sonrisa espontánea que se le salía al verles y que le hacía chispear los ojillos; para recibirles con un beso, una caricia o una de esas comidas que sólo las abuelas saben preparar. Ni una mala palabra salió de sus labios y si alguien la trató mal, ella se comportó con dócil magnanimidad, como la reina y señora que es.

martes, 6 de marzo de 2018

Be different, my friend

"La ignorancia es muy osada"


Andrés es un tipo "normal". 

Andrés es hombre, blanco, heterosexual, sin discapacidad reconocida, no perteneciente a ninguna minoría, que nunca ha sufrido discriminación.
Andrés tiene un empleo "normal", una familia "normal" y una rutina "normal".

Andrés se queja de que a las personas migrantes se les dan todas las ayudas, mientras que a unos pensionistas amigos suyos, no les corresponde nada. Andrés se queja, propaga por redes este mensaje y además se hace la víctima porque le van a tachar de racista. 

Pero Andrés no piensa que quienes emigran son personas con necesidades y derechos y cree que tiene que ir contra ellas en favor de las de aquí. Sin embargo, no despotrica ni se moviliza contra la corrupción política, que es la causa de los recortes y de que los servicios sociales no lleguen a todas por igual.

Andrés es un tipo más común de lo que parece. No seas como Andrés.

Andrés está harto del discurso feminista, ¿y los hombres? Ellos también mueren en las guerras ¡y más que las mujeres! 

Pero Andrés no se manifiesta contra la industria armamentística ni contra los conflictos armados. Tampoco piensa en las mujeres que son secuestradas al servicio de sus raptores, torturadas, violadas. No piensa que en las guerras, detrás de la violencia no hay una ideología de odio hacia los tíos y además los asesinos son mayormente hombres, por eso no es un tema de género.

Andrés se indigna cuando en algunas manis lilas, las mujeres salen a las calles con pasamontañas y antorchas, gritando con violencia "polla violadora, a la licuadora" (¡ay, pobreticos míos!), pero se echa tranquilamente la siesta mientras escucha en el telediario que, otro día más, un hombre ha matado, violado o maltratado a su pareja mujer por desobedecerle.

A Andrés le incomoda ver a una mujer dando el pecho a su bebé en público, sin embargo, Andrés es consumidor de porno y hasta ha sido cliente en burdeles, cosificando y comercializando con el cuerpo de las mujeres más vulnerables.

Andrés es un tipo incoherente y asqueroso. No seas como Andrés.

Andrés refunfuña cuando ve a una africana con cuatro hijas pequeñas, que sobrevive gracias a la renta básica. Juzga su comportamiento sexual y cree que es una irresponsable.

Andrés no sabe que esa mujer ha sido obligada a casarse hasta tres veces en su país, cada vez que sus maridos migraban a Europa y creaban otra familia; no sabe que huyó en patera para escapar de un cuarto matrimonio forzoso; no sabe que, por cultura, en algunas zonas de África, la mujer está sometida a los deseos del hombre en cualquier ámbito, sufriendo una violencia estructural invisibilizada y arrastrando con fuerza y valor sus consecuencias. 

Andrés es un señoro ignorante y prejuicioso. No seas como Andrés.

Andrés se molesta porque ve todos los días a una persona ejerciendo la mendicidad en la puerta del supermercado. "¡Menuda vaga!", piensa y desvía la vista para no juntarse con su mirada.

Andrés no conoce su historia. Desconoce que la persona que tiene delante se quedó sin empleo a los cincuenta años debido a una enfermedad que le generó una discapacidad, y nadie quiso volver a contratarle con su edad. Que la desesperación le condujo a la bebida, la bebida a la ruptura de su matrimonio y que la soledad, la indiferencia, la culpa y el frío pueden llevar a perder la salud mental de una persona. 

Andrés ignora que la Cartera de Servicios Sociales en su Comunidad Autónoma es una mierda para cubrir las necesidades de sus paisan@s en situación de calle. Pero no se rebela, porque él tiene vivienda digna, calefacción y una red de apoyo suficiente.

Andrés es un idiota. No seas como Andrés.

lunes, 1 de enero de 2018

Es tiempo de esperanza

En este 2017 he aprendido mucho. Por eso, al 2018 le exijo que sea mejor y mucho más.

Exijo que en 2018, se cambien las leyes que impiden a las personas migrantes vivir con dignidad. Que se derriben fronteras y se creen organismos que regulen y coordinen las políticas internacionales, para que las personas no tengan que abandonar sus hogares y a sus familias por causas relacionadas con la pobreza o la guerra. Que exista un compromiso real por parte de todos los países para mirar por el bien común y derribar los imperios y a sus dictadores. Que nos levantemos contra la corrupción y la aplastemos. Que los estados sean garantes de los derechos humanos. Que continúe la ayuda humanitaria en las zonas que han sufrido catástrofes naturales en los últimos años: Perú, México, Colombia, Ecuador, Bangladesh, Indonesia, Irán, Sri Lanka, Nepal, Haití... Que todas las personas podamos practicar libremente nuestras creencias y que éstas nunca sean excusa para crear oscuridad y terror. Soy Barcelona, soy Cambrils. Soy Somalia, Irak, Pakistán, Egipto, Yemen, India, Afganistán, Mali, Chad, Nigeria, Congo, Burkina Faso, Filipinas...
El sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano
me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos
” (Papa Francisco)
Que se cierren los CIEs y se trate a las personas con respeto como es su derecho. No más muertes en el mar ni en las vallas de Ceuta y Melilla. No más víctimas del tren la Bestia. Acabar con la mafia y el negocio de las pateras. Pido una mayor acogida de personas refugiadas, tal y como se acordó. Queremos recibir a nuestros/as hermanos/as de Venezuela, Siria, Libia, Senegal y de tantos otros países en conflicto. Pido una menor burocratización para poder ayudar a personas en riesgo de exclusión. La sociedad necesita ayuda para borrar prejuicios y temores, por lo que reclamo una mayor labor socioeducativa: en las calles, en las escuelas, en los barrios y en los lugares de trabajo.

Exijo mayor inversión en la creación de empleo, políticas centradas en la incorporación sociolaboral y en la autonomía de las personas; no conformes con la concesión de ayudas económicas que sólo sirven para subsistir, pero no promueven el desarrollo humano. Si abandonamos a la gente, luego no esperemos que sean personas luchadoras, activas, felices. 

Al 2018 y a las sociedades les exijo igualdad, sobre todo en cuestión de género. Erradicar la violencia machista de toda clase, los chistes sobre violar mujeres y comentarios que propagan estereotipos. Que se haga justicia con maltratadores, violadores y asesinos. Que se deje de culpabilizar a las víctimas y a sus familias. Que un maltratador nunca será un buen padre. Que se forme a jueces y magistrados en materia de género. Abolir el patriarcado y la patria potestad, si hace falta. Que se dejen de reproducir los roles de género tanto en el ámbito privado como público. Que hagamos añicos el techo de cristal y luchemos contra la feminización de la pobreza. A igual trabajo, igual salario.

Concienciar y sensibilizar a la población de que la prostitución es la esclavitud del siglo XXI y dar información, dar voz a esas mujeres, apoyarles para que no tengan miedo a hablar ni a salir de la calle y de los pubs.  Que se detenga al chulo y se multe al putero. Basta ya de ser indiferentes al sufrimiento, de aprovecharse, de usar a las personas para beneficio propio. Que las mujeres dejemos de ser objetos, que dejemos de intentar ser perfectas, que dejemos de sentirnos obligadas a hacer las cosas por amor.

Crear políticas que favorezcan la igual responsabilidad de ambos progenitores, y más tras una separación con hijos/as de por medio. Que las custodias compartidas sean realmente "compartidas", en igualdad de condiciones, con mejores medidas de protección a la infancia y mayores facilidades para realizar cambios en los convenios reguladores cuando, incluso desde los coles, están avisando de factores de riesgo. Que las pensiones de alimentos se paguen más allá de las engañosas circunstancias de la otra parte.

Promover políticas que sostengan a las familias monomarentales hasta que los/as menores cumplan la mayoría de edad tengan suficientes recursos para ser independientes.

Más respeto y apertura para todas las personas sean del sexo que sean y de la orientación sexual que prefieran. Solicito más educación, más formación en todos los sectores.

Exijo al Estado una mayor inversión en infancia,  sobre todo en prevención de riesgos. No más derechos a cambio de votos. Las/os niñas/os no son votantes, pero son el futuro. Que los adultos se graduen las gafas de infancia y se garantice que tod@s l@s menores contarán con las mismas oportunidades. Que tendrán lugares seguros para jugar, alimento todos los días y calefacción en invierno. Que no estarán expuest@s a situaciones violentas y si por diversas circunstancias las padecieran, que se les proteja y se les mantenga en su entorno siempre que se pueda. Que se le otorgue al ocio el valor que merece y se utilice como herramienta para favorecer un mayor desarrollo y bienestar de las personas menores. Que en los colegio o institutos se tengan en cuenta sus circunstancias y no únicamente unos números al final del trimestre. Que el personal docente esté cualificado para atender casos de riesgo o que se contrate con profesionales del ámbito social para resolver situaciones de conflicto. Menos cortoplacismo político y más humanidad.

La misericordia a la cual somos llamados abraza a toda la creación, que Dios nos ha
confiado para ser cuidadores y no explotadores, o peor todavía, destructores
” (Papa Francisco)

lunes, 21 de marzo de 2016

El superpoder de cuidar

Lo opuesto a una cultura masculina de la violación 
es una cultura masculina afectiva: hombres aumentando 
su capacidad de dar cuidados (Nora Samaran)
Amar es cuidar. Hace tiempo que vengo dándole vueltas a este tema y al por qué a los hombres les afecta tanto en su masculinidad que se les pida que cuiden, ¿es que no aman? ¿Es que l@s hij@s no son también suy@s? ¿O sus madres/padres? ¿O la casa que siempre quieren ver limpia? ¿O sus camisas y calzoncillos? (Por supuesto, no hablo de aquellos que se deconstruyen, que cuestionan sus prejuicios y que no ayudan a sus parejas sino que hacen la mitad del trabajo doméstico, según les corresponde).

Una amiga tiene la teoría de que no es machismo sino desidia y el patriarcado sólo les reafirma para que no se sientan culpables por mantener unos privilegios ilógicos, mientras que con las mujeres hace todo lo contrario. Porque cuidar cuesta. Cuesta tiempo y cuesta esfuerzo. Pero lo que más cuesta es la obligación del cuidado a cambio de nada, gratis, a cambio de descuidarte, en nombre de un amor desinteresado, ilimitadamente generoso. ¿Por qué no se habla del síndrome de la cuidadora quemada que padecen tantas amas de casa? Hombres y mujeres deberíamos repartirnos las tareas, por justicia, por plenitud individual y porque así tendríamos más tiempo para el autocuidado, para las relaciones sociales, para las aficiones, en resumen, para disfrutar la vida. 

No podemos seguir plegadas a las necesidades, expectativas y deseos de los demás, para que nos quieran. No te dejes convencer por la imposición de "sufrir por amor". No valen los razonamientos estúpidos, ésos de "ellos no lo hacen tan bien, no saben", "friego los platos y hago como que no me doy cuenta de que la chapa está sucia, ya la limpiará ella...", "si por naturaleza, dais de mamar, también tenéis que cocinar" (No, no me lo invento. Lo he oído), "el instinto maternal...", "las mujeres caéis más en los detalles". No. Dímelo a mí que soy la persona más despistada sobre el planeta Tierra y ésto no me resta feminidad. Y tampoco sé cocinar, por cierto. Y no pienso planchar en mi vida. 
El cuidado debe ser libre, un espacio de igualdad, sin dominación ni subordinación.

Reivindicar el valor de cuidar
Una vez aclarado este aspecto, creo que el mayor superpoder que existe en el mundo es el de cuidar. Cuidar es amor en acción, en lo concreto. La política no soluciona problemas, no sólo de idealismos vive la persona y el dinero no lo puede todo. Cuando cuidamos entramos en el mundo de la otra persona, compartimos su intimidad y entonces, se inicia un mecanismo mágico que nos ensancha el corazón y nos conecta con la humanidad, con lo importante, con el sentido de la existencia. Cuidar nos ayuda a percibir nuestra debilidad, nuestra necesidad de comunidad, de no estar sol@s. Cuidar nos enseña verdades como puños como que no hay mayor regalo que la persona que tengo enfrente y que me acepta, dándome la posibilidad de acceder a su universo. Cuidar es proteger, velar, defender la dignidad de la gente, su derecho al bienestar, a la calidad de vida.