sábado, 18 de noviembre de 2023

La ciudad del viento

«Miro
con emoción y con sorpresa cómo
la realidad canta y florece, el ímpetu 
con que todo se muestra, y su abundancia»
- Eloy Sánchez Rosillo -


Bañada por el río Ebro y atravesada por el Huerva y el Gállego, una Caesaraugusta azotada por el viento del Moncayo, nos recibió para enseñarnos que sus callejuelas y rincones encantados esconden entre sus ruinas, arte e historia.

Iniciamos recorrido deambulando por los alrededores de la Estación, donde la ciudad invirtió hace unos años para celebrar la Expo y que actualmente constituye un parque empresarial y tecnológico moderno.

A continuación, paseamos por el centro, deleitándonos ante escaparates con productos artesanos, tabernas típicas, negocios que se levantaron hace más de dos siglos y cabarets venidos a menos en El Tubo, hasta que nos dio hambre y paramos a degustar un menú maño-chic y cargar pilas para todo lo que nos quedaba por visitar.

El Pilar de Zaragoza se presentó imponente como Basílica y bastión de la cristiandad, con antiguas batallas tatuadas en sus gruesos muros agujereados, con sus enormes cúpulas de colores y sus impresionantes bóvedas pintadas con frescos en su interior. Alguno realizado por Goya, con quien nos tomamos una foto. 

En la capilla central, la Pilarica nos anima a no decaer ante las dificultades y a permanecer firmes para salvarnos de guerras propias y ajenas.

Más allá, en la puerta del Ayuntamiento, un ángel y el patrón de la capital aragonesa nos quisieron dar caza, pero fuimos más rápidas y nos refugiamos en la Seo, la Catedral construida sobre los restos del Foro Romano y una antigua mezquita.

Entre lo humano y lo divino, por las calles de la Judería seguimos el rastro de mil y una leyendas que dicen que hubo una época en la que judíos, moros y cristianos convivieron en armonía. 

Admirando los edificios medievales y detalles mozárabes, barrocos y renacentistas, terminamos la jornada en un atardecer de fuego. Mientras un cielo de acuarela desprendía destellos malvas sobre un campo de olivos y el Palacio de la Alfajería, de estilo mudéjar, nos trasladamos por un instante hasta el último reino andalusí y al malo de Aladdín.

Yo no sabía que Zaragoza era tan grande y que, en población, es el cuarto municipio más denso de España. Lo que sí sé es que tengo q volver para rendir homenaje a la gran heroína de la que la famosa jota hace honores: Agustina de Aragón. Tarea pendiente.


"La Virgen del Pilar dice
que no quiere ser francesa,
que quiere ser Capitana
de la tropa aragonesa."

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