miércoles, 1 de abril de 2026

Seguridad de sonámbula

"Te despiertas y, al rato,
dejas tu casa y sales a la calle,
a la casa del mundo.
Salir es un entrar. No hay intemperie
cuando con firme pie
y afanosa retina
nos adentramos en los incontables
e ingentes aposentos del asombro.
Los vamos recorriendo sin descanso.
Todos tienen el techo a cielo abierto,
con muros transparentes y con anchas
puertas de par en par que no interrumpen
el avance en la luz.
Y no hay desprotección, ni puede haberla,
en la perplejidad que para el ojo
es todo cuanto ve,
sino el cobijo incierto de la vida."
 - Eloy Sánchez Rosillo -
 

Ante la pregunta de a qué aspiro en la vida,

mi respuesta sólo es ésta:

Continuar en búsqueda 

con la seguridad de la sonámbula

-se la cojo prestada a Hugo Mujica-,

que no ve, pero confía.

Víctima de la ternura del mundo.

Con la rebeldía

de los salmones.

Y la libertad 

del vuelo de los pájaros.

Sobre todo ante la intemperie,

en las periferias y

en las pequeñas o grandes noches.


Que me postre descalza

frente a la tierra sagrada

de quien deposita en mí su historia 

y sus dolores.

Que mi escucha sea atenta

y mi respuesta

no cargue más peso

ni esclavice.

Sea caricia, regazo,

para quien ya soporta demasiado.


Ante la pregunta de qué espero de la vida.

No puedo concretar nada material.

No aspiro a viajes

ni a escalar puestos.

Quizás, sí, el pan de cada día

-para mí y para ti-

y unas migajillas de silencio en soledad.


A menudo este sentir

me aterroriza

y me gustaría escapar de mí misma.

¿Quién comprende esto

que me muerde y arde?


Sólo deseo disfrutar del canto 

de los árboles y

la sabiduría de sus raíces.

Que mi esperanza se sostenga

en lo que no se ve

y en lo que siempre será un misterio.