lunes, 13 de abril de 2020

Bajo una retama

"Confieso haber mordido el polvo,
haber tocado fondo, haber besado el suelo.
Confieso que me equivoqué más veces que acerté, 
que quise ser lo que no era.
Confieso que más de una vez,
al verte me cambié de acera."
- El Kanka -

Yo...
Tan grande
       Con mi fortaleza inventada
       Con mi afán de protagonismo
               Mi ansia de poder
               Mi cultura del descarte: determinadas personas, determinados ambientes.
La capacidad de control
      Mordiéndome la lengua para cumplir el protocolo o no parecer distinta al resto.
La sensación de ser mejor.
               Maquillaje en las mejillas y también en el corazón.
       Superviviente en un mundo competitivo.
Las buenas notas,
La moda para ser guay.
      Recibir piropos bonitos, adulaciones y sucedáneos.
El deseo de superioridad y de comodidad.
      Ganar prestigio.
Mis razonamientos, ideas y mi lógica ante todo. La supremacía de mi verdad.
               Seguridad como máscara.
El convencimiento de que merezco éxito.
      Comparándome con otras personas.
      Apegándome a objetos y sentimientos.
      Apropiándome de todo lo que considero mío. Sin vivir los dones como regalo.
Tan orgullosa por lo bueno que dicen que hago.
Pagada de mí misma.
Exigente, claro, pero no conmigo.
                                                                            "Sin pecado concebida".

Fuerte, correcta, inteligente, capaz, segura, implacable y horriblemente complicada. 
Pura apariencia.


Tú...
Tan simple.
Abierto a lo que venga.
Abrazo que acoge a cansad@s, agobiad@s y perdid@s.
Esencia de fraternidad.
Amante de lo imperfecto.
Sencillo,
Terreno,
Mendigo,
Pequeño.
No importa dónde o por qué hayas caído: ¡levántate!
Con tus paradojas.
Tu predilección por lo torpe,
Por mí,
Por lo débil,
Lo inseguro,
Lo humilde,
Lo impopular.
La falta de éxito,
La ausencia de habilidad,
La realidad herida.
Lo marginal,
Lo caduco,
Lo difícil de aceptar,
Las caras lavadas y sin peinar,
Lo bello,
Lo brusco,
Lo sutil,
Lo inútil,
Lo ingenuo y hasta lo ignorante.
Lo escondido,
Lo pobre,
Lo enfermo,
Lo inquerible y despreciable,
Lo feo y lo no aceptable,
Lo tradicionalmente incorrecto,
Lo salvaje y no domesticado,
Lo heterodoxo e impulsivo.
Abrazable y abrazante.
Entrañable.
Apasionado y apasionante.
                                           Auténtico...

martes, 31 de marzo de 2020

Confesiones y método de una confinada

“En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible.  
En medio de las lágrimas descubrí que había, dentro de mí, una sonrisa invencible. 
En medio del caos descubrí que había, dentro de mí, una calma invencible. 
Me di cuenta a pesar de todo que... 
En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible. 
Y eso me hace feliz. 
Porque esto me dice que no importa lo duro que el mundo empuja contra mí; 
en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, 
empujando de vuelta.” 
- Albert Camus- 
(Fragmento de El Verano) 


Queridxs amiguitas y amiguitos, 

Odio que me digan que soy una persona tranquila. “Si no es algo malo” suelen alegar. Pero es que la procesión va por dentro y además me considero una persona activa, que antes de la cuarentena no paraba en casa sino un día a la semana. Bendito sábado. 

Sin embargo, debo reconocer que el confinamiento lo estoy viviendo así: tranquila. Más que con tranquilidad, diría con calma. Me gusta más esa palabra y creo que define mejor mi estado. Está resultando una experiencia de lo más reveladora, que me ha ido despojando para mostrarme la realidad desnuda, auténtica. 

Al principio me costó un poco. Tenía muchos momentos de bajón, pero ¿qué esperabais? Antes, ya se me caía la casa encima cuando volvía por la noche y me encontraba en estas soledades, acostumbrada a vivir en familia. Y es que la independencia tiene cosas maravillosas, pero también sus defectillos (sí, amiguitxs, la emancipación también ha llegado a mi vida). 

Lo diré sin rodeos. Lo que me ha salvado la situación es la oración. Nunca ha sido mi punto fuerte, pero una tarde, Dios vino a visitarme y ¡aquí se ha quedado! Permanece, haciéndome compañía. Nunca voy a poder darle las gracias de modo suficiente. Es un súper papá, en serio. Y bueno... si no creéis, pues os hablaría de la meditación, pero es que creo ¡que no tiene comparación! 

También mantengo contacto con mi familia, amig@s y hablo con personas que están solas para las que esta cuarentena es especialmente dolorosa. Es bonito sentirse unida a las personas que quieres, a pesar de la distancia. Os aseguro que llamaría a más gente, pero me da vergüenza. 

Trabajo. A partir de abril por semanas alternas en casa o en la oficina. Esto también me mantiene estable, el comunicarme con otra gente, conocer sus problemas e intentar echar una mano (aunque ni mucho menos es tan sencillo y agradable como parece). Creo que en este estado de alarma, deberíais empezar a valorar más a vuestras trabajadoras sociales. Por lo menos, estaría bien que se visibilizara nuestro trabajo, aunque no esperamos aplausos ni tampoco los necesitamos. Mis compañeras son uno de mis apoyos fundamentales y es que, creo que después de diez meses trabajando codo a codo, puedo decir que estoy enamorada de ellas. Tantas cosas no las hubiera vivido igual si ellas fueran otras... 

Me cuido. Me peino, me ducho, como sano, me visto con ropa de persona y hago deporte. Mantengo limpio mi pisito. Sigo activa en redes. A veces, incluso estudio, aunque debería hacerlo más. Es muy básico, pero lo aclaro. Creo que es bueno. Probadlo.

Leo. Desgraciadamente, he terminado los libros que me descargué y he agotado los datos de internet. Siempre me quedarán mis favoritos, que me traje en la mudanza: las novelas de Carlos Ruiz Zafón, de Khaled Hosseini, algún libro de JM R. Olaizola sj, "Sabiduría de un pobre" y los Escritos de San Francisco de Asís. La literatura es un regalo de la vida. 

Escribo. Escribo mucho. Lo primero que se me pasa por la cabeza y que no me requiere esfuerzo. Seguramente lo acabe borrando, destruyendo o puede que algún día arregle esos textos para que formen parte de este blog. También continuo con mi “cuaderno de campo”, una especie de diario que escribo desde hace muchísimo. En estos días, estuve leyendo los anteriores y os lo prometo: yo antes tenía sentimientos súper puros y genuinos. Espero conservar algo de eso. ¡Seguro que sí! Para ser sincera, durante este tiempo, he descubierto cosas mías que no sabía o que era incapaz de nombrar. He reconocido miedos, inseguridades, debilidades... Y siento que han sido iluminadas, acogidas, besadas y abrazadas. ¡Cuánto necesitaba de un parón así! Todavía tengo miedo. Pero también esperanza. No tengáis miedo al silencio y a miraros, de verdad. Creo que es lo más bonito que nos puede pasar. Que nos miremos y nos reconozcamos. Con todo lo que somos.

Apenas veo la televisión. En principio, porque no sé qué fallo tiene el cable de la antena que hay que moverla con cariño hasta que encuentra una posición donde esté a gusto y deje de verse con rayas y de hacer ruidos extraños. Ayer vi un programa sobre el Congo que me estrujó las entrañas. También sigo la Eucaristía. Me gustaba más ver las misas online con los sacerdotes de siempre... En cualquier caso, Dios y yo nos apañamos. 

Escucho música prácticamente todo el día. La música tiene el gran don de acompañar los procesos. Esuchad música. De todo tipo. El Kanka siempre es una buena opción para comenzar con buen pie. Ponedle banda sonora a vuestro día y a vuestro estado de ánimo.

Me acuerdo de mucha gente. Esto también me ayuda a ensanchar el corazón. Creo que no hay nadie que haya conocido en mi vida que no haya estado presente estos días en mis conversaciones con Dios. Sean amig@s o enemig@s. Pensad en vuestra gente, recordad los momentos compartidos y agradecedlos. Es una manera de tenerles cerquita.

Recuerdo mucho a los enferm@s y a quienes l@s cuidan (sobre todo a l@s que conozco), pero también tengo un pensamiento por todas las personas (seres en general) que sufren la violencia en cualquiera de sus formas, aquí y al otro lado del planeta. Personas que no pueden ver la cara amable del confinamiento porque sus necesidades básicas de alimento, vivienda, seguridad y afecto no están cubiertas. Especialmente casos de mi trabajo, de las infancias (que muchas veces tienen rostros y nombres concretos), las mujeres, personas mayores o aquellas que carecen de un hogar y de una palabra que se transforme en caricia. Tantas personas heridas en su dignidad, sumergidas en las noches del mundo. No sabemos lo privilegiad@s que somos much@s de nosotr@s. 

jueves, 6 de febrero de 2020

Tempus fugit

"Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar."
- Antonio Machado -

Tiempo. 
Siempre he tenido problemas con el tiempo. Porque corre muy deprisa o porque se desliza muy despacio. Porque me falta o porque me aburro.

El tiempo. 
Ese concepto abstracto que nunca aprendo a medir, que se me escapa, que hace ponerse el sol y me levanta de la cama cuando todavía me aferro a los sueños. Dirige la vida, conlleva rutinas, obliga a la organización. Nos roba a aquellas personas que más queremos y es causante de que las imágenes se difuminen en una acuarela de olvido.

lunes, 6 de enero de 2020

César y sus ojos color mar

"Puede ser que una vez/ en un desvelo
descubramos que el mundo es una fiesta
y encontremos al fin
esa respuesta que desde siempre
nos esconde el cielo.
Puede ser que una noche / en algún vuelo
ganemos sin querer alguna apuesta
y advirtamos que un alma está dispuesta
a servirnos de paz y de consuelo.
Puede ser que el transcurso de los años
nos vaya proponiendo otra corriente
dejándonos con suerte y sin extraños
y aunque en la piel nos queden cicatrices
desde el viejo pasado hasta el presente
puede ser que logremos ser felices."
 - Mario Benedetti - 

Dicen que los Magos de Oriente son los hombres más sabios de la tierra. Conocen los corazones, los deseos e incertidumbres que encierran. Incluso, cuando se ha perdido la fe y la inocencia no escribe su carta, ellos se deslizan por los balcones, dejando a cada persona, un regalo diferente y secreto.

Aquella mañana del seis de enero, amaneció entre un mar de niebla baja. La escarcha cubría las aceras, el césped y los coches de fino cristal. Desde mi ventana, contemplé aquel paisaje solitario. Era temprano y no había nadie en la calle todavía. O sí. Algo se movía bajo un árbol, en la hierba. Entorné la mirada. No podía ser cierto. Un hombre envuelto en un saco de dormir. No lo pensé dos veces y salí a su encuentro con un termo de café y un bocadillo.

Sólo le vi la mitad del rostro: un ojo azul, medio bigote rubio y un poco de flequillo alborotado sobre la frente. El resto se hallaba oculto bajo el saco. Ante mi absurda pregunta de qué hacía allí, me respondió que tenía sueño. Fue cordial y agradecido, pero me dio la sensación de que le estaba molestando.

Estuve toda la mañana escudriñando desde mi ventana cual “vieja del visillo”. Saqué al perro y la basura con los envoltorios de los regalos que, con mi familia, habíamos abierto unas horas antes… Nada, no se movía. Hasta que se desperezó, más allá del mediodía. Se levantó, se sacudió el entumecimiento, estiró las piernas y estuvo caminando dando vueltas de un lado a otro. Luego, sacó de su mochila el bocadillo que le había entregado.

¡Era mi oportunidad! Salí de casa y me senté junto a él en un banco. Me saludó y le pegó otro mordisco al pan. Refirió que estaba rico. Le pregunté si podía ayudarle con algo más o si quería que llamara a alguien que lo recogiera, pero me dijo que no, que él se apañaba. Se llamaba César. Llevaba diez años en la calle. La primera noche, pensó que sería temporal. Ahora ya, era una costumbre. Su novia de entonces le había echado de casa y no tenía más familia, ni empleo, ni dinero. “A pesar de eso, no le guardo rencor, sólo recuerdo las cosas buenas. Yo la quise mucho. Y supongo que ella también a mí, a su manera”, soltó sin darse importancia.

Desprendía luz. Como la mayoría de personas humildes que lo han perdido todo y han hecho de las aceras su morada y su colchón. De ésas que hacen bien al corazón, aunque lo desconozcan y una misma no acierte a comprender el porqué. Era de trato afable y considerado.

Hacía tres días que no comía y vagabundeaba de aquí para allá. Estaba de duelo. Había perdido a su compañera de batallas. Su perrita murió en la calle bajo la atenta mirada de la luna. Le ofrecí una medallita de San Francisco de Asís, de las que suelo llevar unas cuantas para dar a quien me surja. Le dije que Francisco era el patrón de los animales, que cuidaría de su perrita y también de él. Le dio un beso y se la guardó. Luego me sonrió. La sonrisa de un niño. “Gracias”, pensé.