lunes, 8 de diciembre de 2025

Luz y herida

No vivo en los mundos de Yupi.

No creo que la realidad sea flores y mariposas.

Nada es perfecto.

No soy tan naif

aunque lo parezca.


Sé bien que en todo hay una herida,

un vacío de amor.

Una soledad profunda 

donde nadie puede llegar.

Una intimidad última 

imposible de invadir.


Yo misma lo he descubierto:

un veneno que me penetra

desde la infancia hasta ahora

y que persiste en su absurdo.


¿Cómo es posible que un dolor tan grande 

nazca de los vínculos más estrechos,

de aquellos en los que deposité mi confianza 

y mis seguridades?

¿Qué nivel de conciencia,

de intención

y de toxicidad es real?

¿Cómo encontrar el punto medio

en esta tensión ponzoñosa

entre permanecer

y salir corriendo?

No soy una víctima.

O todas lo somos un poco.

Mucha es mi fortuna 

y esto no es una queja.


Reconozco que mi lengua

no es puñal,

quizás sí mi silencio

y la distancia que necesito 

para no caer en prisiones ajenas

ni en palabras que infrinjan 

un daño mayor.


Nadie lo sabe.

O tal vez sí,

pero una muralla de helada indiferencia 

ha impedido la construcción de puentes.

¿Cómo es posible?

Se puede defender lo indefendible.

(¿Se puede defender lo indefendible?)


No lo juzgo

-o al menos, lo intento -:

"todas tenemos lo nuestro".

Puede que no estemos preparadas.


Nadie lo creería.

Pero yo lo sé,

lo siento,

como un agujero negro

en el centro del pecho.

Y ya se sabe cuál es la naturaleza

de esas grandes masas de oscuridad.