"Rata de dos patas
Te estoy hablando a ti
Porque un bicho rastrero
Aún siendo el más maldito
Comparado contigo
Se queda muy chiquito."
- Paquita la del Barrio -
Arquitecto de los dramas imposibles,
emperador de los audios interminables,
campeón olímpico del victimismo sincronizado
emperador de los audios interminables,
campeón olímpico del victimismo sincronizado
Rey del ninguneo,
ministro de los enfados selectivos,
guardián supremo del doble rasero,
coleccionista de injurias imaginarias.
ministro de los enfados selectivos,
guardián supremo del doble rasero,
coleccionista de injurias imaginarias.
Oh, excelentísimo marqués de los mensajes ambiguos,
de las prohibiciones sin causa,
conde de los malentendidos cuidadosamente cultivados.
Tú, que conviertes una pregunta sencilla
en una peregrinación de siete etapas,
y un saludo cordial
en un tratado de geopolítica emocional.
Especialistas en silencios estratégicos,
virrey de la responsabilidad ajena,
canciller del lado oscuro,
y alcaide de las decisiones sin explicación.
y alcaide de las decisiones sin explicación.
Bendita sea tu habilidad
para aparecer preocupado cuando conviene,
incomprendido cuando toca,
y ofendido cuando se agotan las demás opciones.
Qué admirable perseverancia la tuya:
ocho años removiendo una piedra
hasta convencerla de que ella sola
había decidido rodar cuesta abajo.
Y llegó la hora.
Qué tragedia para tu reino:
un día tus súbditos descubren
que la puerta nunca estuvo cerrada,
que el aire de fuera existe,
y que la vida resulta sorprendentemente tranquila
un día tus súbditos descubren
que la puerta nunca estuvo cerrada,
que el aire de fuera existe,
y que la vida resulta sorprendentemente tranquila
cuando no hay que descifrar cada palabra
como si fuera un pergamino medieval.
Y que podemos vivir en libertad.
Así pues, recibe este humilde reconocimiento, no por tus méritos,
sino por la inmensa paz que produce alejarse de ellos.
Santo Patrono de las Intenciones Malinterpretadas,
cuya especialidad consiste en sembrar niebla
y después lamentar que nadie vea el camino.
Ay, señor de la susceptibilidad variable,
que hoy te ofendes por una coma
y mañana por su ausencia...
Aspirabas a dirigir adultos con el mismo éxito
con el que un pastor intenta organizar una asamblea de gatos.
Qué misterio tan insondable el tuyo,
que siempre acabas siendo la víctima
de los problemas que tú mismo fabricaste.
Oh, haz luminoso de la verdad absoluta, cuya opinión coincide sospechosamente
con la voluntad divina, la lógica, el reglamento
y el resultado final de cualquier discusión.
Capitán General de las Normas,
rígidas para el resto,
sorprendentemente elásticas para ti.
Más preocupado por la disciplina que por las personas.
Como quien se centra tanto en el faro que se olvida de los navegantes.
Maestro del arte de confundir respeto con sumisión,
colaboración con asentimiento
y fraternidad con militancia.
Qué sobresalto te produce descubrir que existen adultos independientes,
criaturas mitológicas que comparten con otros,
fuera de tus límites
y hacen lo que consideran oportuno.
Carcelero de conciencias libres...
No quieres hermanos,
sino reclusos entusiastas.
Yo llegaba con una cerilla,
tú aparecías con un extintor.
No importaba la propuesta.
Lo importante era recordar quién tenía permiso para encender fuego.
No importaba la propuesta.
Lo importante era recordar quién tenía permiso para encender fuego.
Ay, príncipe de la pluralidad, defensor del diálogo abierto,
siempre dispuesto a escuchar cualquier opinión...
siempre que coincidiera con la tuya.
siempre que coincidiera con la tuya.
Qué extraño fenómeno ocurría:
cuando alguien pensaba distinto,
no parecía una idea diferente,
sino un ataque.
Como si el universo entero conspirara diariamente
sino un ataque.
Como si el universo entero conspirara diariamente
para llevarte la contraria.
Vinimos como semillas,
tú acudiste con reglamentos.
Hablábamos de primavera,
tú revisabas los márgenes del formulario.
Antes de que naciera el árbol,
ya estabas enumerando las ramas prohibidas.
Qué afán el tuyo por apagar luces ajenas para parecer más brillante.
Quizá celebres mi partida.
Quizá incluso la confundas con una victoria.
Pero hay triunfos extraños:
se parecen demasiado a quedarse solo con los que ya no discuten.
Dices que soy una díscola.
Lo curioso es que mi mayor delito consistió
en buscar la expansión y
la convivencia más allá de tus fronteras,
ésas que nunca te atreviste a cruzar.
¿Por qué será?
¿Miedo a ser insignificante tal vez?
¿Qué historia contarás ahora?
La gente me conoce.
No me escondo.
En cambio, las máscaras tienen una costumbre molesta:
tarde o temprano, se cansan antes que la verdad.
En cambio, las máscaras tienen una costumbre molesta:
tarde o temprano, se cansan antes que la verdad.
Nunca me cerraste la puerta.
Habría sido demasiado evidente.
Te bastaba con no avisar dónde estaba la entrada,
con el olvido oportuno,
la indiferencia estudiada,
el engaño sibilino.
No fue una sola piedra.
Fue el camino entero.
Me voy por mil cosas que parecían pequeñas hasta que dejaron de serlo.
Me dijiste que la puerta... estaba abierta.
Se me han terminado las metáforas conciliadoras.
Te concedí el beneficio de la duda tantas veces que acabé en números rojos.
¡Qué idiota!
Ya no me quedan mejillas para seguir ofreciendo.
No sé si eres mala persona
o había razones razonables.
Y, a estas alturas,
me la suda.
Hoy recupero la voz
y el vuelo.
Tristeza profunda, sí.
Alivio infinito, también.
Alivio infinito, también.
Confieso mi falta:
he transformado la rabia en versos.
Considerando las alternativas,
me parece un pecado modesto.
"Un minúsculo puntito,
muy soberbio e iracundo,
gritaba: “¡Después de mí
solo queda el fin del mundo!”
Las palabras protestaron:
“Este chico está fatal;
no es más que un punto y aparte
y se cree el punto final”.
Lo dejaron solo en medio
de la página, chillando,
y una línea más abajo
el mundo siguió girando."
- Gianni Rodari -


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