lunes, 1 de marzo de 2021

La princesa que escapó por la ventana y se piró

La princesa vivía encerrada en la lujosa torre de palacio, donde sólo debía preocuparse por mirarse al espejo y ponerse guapa para el príncipe azul que fuera a rescatarla del dragón que la custodiaba tras esos muros.

Un día, mientras barría el suelo de su alcoba, se preguntó por qué tenía que usar la escoba para algo tan vulgar y aburrido, cuando había un sinfín de otras actividades más provechosas que podía realizar con ella. Así que, con gran determinación, se quitó ese horrible vestido que le oprimía el pecho, montó sobre su escoba y salió volando por el pequeño ventanuco.

Entonces, se dio cuenta de que era libre, que la vida de fuera era fantástica y que no necesitaba que la salvaran. Que nadie podía decidir por ella su futuro ni su felicidad.

Y se dio cuenta, que no había dragón ni hechizo que la obligaran a quedarse en el palacio, que todo habían sido mentiras para que los príncipes azules mantuvieran sus privilegios y el mundo continuara su curso como hasta ahora.

Y se rebeló. Fue consciente de que ella tenía muchos más talentos que haber aprendido a limpiar y saberse maquillar. Que merecía mucho más que una vida de espera para ser convertida en trofeo. ¿Quién le garantizaba que le gustaría el príncipe? Nadie le había preguntado su opinión. No deseaba malgastar su tiempo besando sapos disfrazados. 

Vio como, al no pintarse, se le notaban las verrugas de la cara, pero no le importó, porque ya no usaba espejos y sólo tenía que gustarse a sí misma. Además, las otras brujas también tenían defectos, pero éstos no les impedían vivir en armonía, respetándose y ayudándose.

El rey, el padre de la princesa, encolerizó al enterarse de la noticia y amenazó a su hija con desheredarla si no regresaba a su cárcel de mármol.

Y la antigua princesa, no tuvo más remedio que tintar su sangre azul para volverla maravillosamente roja, perder comodidades, corona, lujos, protocolos, amistades de conveniencia, la obligación de la boda, de ser madre, florero y fregona.

lunes, 11 de enero de 2021

Misiones Franciscanas Conventuales


El curso pasado, las niñas y niños fueron las grandes heroínas de la pandemia, permaneciendo en casa durante el confinamiento y cumpliendo con todas las medidas de seguridad para cuidarse y cuidar de las demás. Además, pudieron seguir estudiando gracias a las nuevas tecnologías y así seguir aprendiendo y creciendo como personas.

Ahora, imagina por un momento que tus circunstancias hubiesen sido otras. Imagina que tu casa es una sola habitación dividida con apenas una cortina que separa cocina y cuarto. Imagina ser niña o niño y sufrir violencia intrafamilar y de género. Imagina que para dar de comer a tus hijas e hijos tienes que salir a vender a la calle diariamente y no poder hacerlo. Imagina que no existan ayudas municipales ni estatales. Imagina no tener acceso a Internet ni los recursos telemáticos para que tus hijas e hijos puedan continuar sus estudios. Imagina vivir lejos de hospitales y centros sanitarios y no contar con los medios para desplazarte… Imagina, por un instante, que vives en Corozal o en las aldeas de los alrededores, en la costa atlántica colombiana. Estas son las realidades que padecen muchas familias en la zona donde los franciscanos conventuales establecieron sus misiones en Colombia.

Desde Misiones Franciscanas Conventuales en España estamos apoyando los proyectos que se iniciaron para paliar las consecuencias de la pobreza en materia de salud y educación, tanto en la infancia como en la tercera edad. Para ello, en el 2003, se creó un comedor social donde cada año aumenta el número de personas atendidas. Actualmente, se proporciona una comida fuerte al día a 150 niños/as y 50 ancianos/as. Unidas al comedor, existen las brigadas de salud que realizan el seguimiento sanitario (análisis, peso, crecimiento…). Con la pandemia, el comedor se ha sustituido por la entrega de lotes de comida a las familias para que puedan subsistir. 

A nivel de educación, en Corozal se realiza un acompañamiento a través del proyecto de refuerzo escolar, aunque desde que comenzó la cuarentena, ha sido reemplazado por un grupo de personas voluntarias que acuden a los hogares para detectar necesidades y realizar funciones de supervisión. Además, los franciscanos, tanto en Corozal como en Medellín, promueven que todas las niñas y niños puedan acceder a la educación de manera igualitaria, dotando del material escolar imprescindible, cuyos gastos son financiados a través de los apadrinamientos desde España (20€/mes). Asimismo, desde Misiones Franciscanas Conventuales apoyamos otros microproyectos, según las necesidades y las demandas que van surgiendo.

El Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti, nos anima a ser como el buen samaritano, hermanas de todas, dejando a un lado lo que nos diferencia y siendo corresponsables con toda la familia humana. Así, desde Misiones Franciscanas Conventuales queremos invitarte a colaborar con tu oración y con tu aporte material, haciendo un donativo o apadrinando a un niño o niña. Si, además, te interesa participar en el grupo de misiones o en futuros campos de trabajo misioneros en Colombia, nos puedes localizar en las parroquias de los franciscanos conventuales en tu ciudad. 

¡Muchas gracias!

miércoles, 25 de noviembre de 2020

25N

"Nadie en la historia ha conseguido nunca su libertad apelando al sentido moral de sus opresores" 
- Assata Shakur -

Si los hombres y algunas mujeres entendierais el dolor y la impotencia que nos causa a las feministas leer, escuchar, ver o sentir cada día, las violencias que se ejercen hacia las mujeres... 
Las asesinadas, 
Las desaparecidas, 
Las rociadas con ácido, 
Las violadas, 
Las secuestradas, incluso en sus propias casas... 

Quizás entonces comprenderíais esta rabia que nos nace fruto de la injusticia normalizada. De normalizar la violencia hacia nosotras.

En el feminismo no existe la victimización. Al contrario, se pretende el empoderamiento de todas las mujeres. Lo que sí tenemos en cuenta es el término "víctima", que por cierto es un concepto jurídico, que hace referencia a la persona que sufre los efectos de un delito, de manera directa o indirecta.

Por la evidente diferencia de derechos entre hombres y mujeres, 
como la estudiadísima carga de trabajo doméstico, 
los abandonos parentales, las familias monomarentales y la patraña de las custodias compartidas,
la violencia vicaria (¡dejad a la infancia en paz!);
la desigualdad salarial, los techos de cristal, 
la esclavitud sexual que tan divertida os parece; 
los chistes sexistas y el pacto de silencio masculino para cubriros entre vosotros; 
los vientres de alquiler,
la apatía machista para no perder privilegios (¡queremos hechos!);
la feminización de la pobreza, las críticas ante el incumplimiento de los roles de género, 
la falta de apoyo del poder judicial, 
el gaslighting,
el linchamiento a las mujeres que deciden abortar, cual quema de brujas...

La ablación genital femenina.
La mercantilización y cosificación de nuestros cuerpos.
El acoso y el abuso de poder.
El odio y la misoginia.
El cuestionamiento constante de nuestro talento y nuestra verdad.
El mansplaining.
El manspreading o que ocupéis un espacio que no es vuestro.
La desposesión de la tierra y de todo, incluso del propio ser.
La invisibilización en la Historia.
El silenciamento en instituciones como la Iglesia.
La falta de condiciones y salarios peor retribuidos en profesiones esenciales, pero generalmente femeninas.
La exigencia del tiempo y de cumplir con lo establecido: con la maternidad, la suavidad, los roles de género, la imagen perfecta.

Hoy, ni una crisis sanitaria ha frenado esta marcha legendaria.

sábado, 31 de octubre de 2020

Otra franciscana seglar en el mundo

"Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada persona guarda
un rayo nuevo de luz el sol...
y un camino virgen
Dios."
- León Felipe -
Francisco de Asís es el “hombre del abrazo”: abrazó a Cristo, abrazó al leproso, abrazó al lobo, abrazó al sultán, abrazó a toda la creación, abrazó a sus hermanos/as y a sí mismo.
¿Cuál es el mejor carisma? Y ¿por qué el franciscano? 😜😌

El pasado 22 de octubre profesé en la Orden Franciscana Seglar (OFS) (junto a mi compi😍). Esto significa que me comprometí a vivir el Evangelio al estilo de Francisco de Asís, en fraternidad y como laica. Hacía tiempo que quería compartir esto por escrito, pero las palabras siempre se me quedan cortas y no trasmiten lo que me gustaría. Aún así, lo voy a intentar, sabiendo que hay ciertas cosas que no se pueden explicar y deben quedarse para la intimidad personal. 

Me llena de ternura saber que Francisco tomó mi mano hace tiempo y que ni siquiera lo había notado. Es increíble sentir su presencia sencilla -¡tan como él!- a lo largo de mi historia, entre renglones torcidos y callejones sin salida, que me obligaron a retroceder hasta descubrir de nuevo las pistas que me guiaban por la ruta acertada. Es bonito escuchar ese clic interior, cuando esa pieza de formas y dimensiones concretas, encaja perfectamente en el espacio vacío que se oxidaba dentro de mí. Y tiene sentido por qué tantas veces, otras voces no me terminaban de convencer, aunque las admirase. 

Ahora soy consciente de la exigencia que implica ser buscadora, la libertad de no perder esa actitud curiosa y rebelde, que no se deja llevar por los consejos y opiniones de quienes creen estar llenos de certezas sobre una misma. Llegas a pensar que quizás eres demasiado rara, que esa sed de algo más es sólo insatisfacción y no hay un hueco para ti. Pero sí, siempre lo hay, a pesar de las dudas y el temor a equivocarse. El proceso es necesario ¡y también se celebra! ¡También es un regalo! Además, con este paso no termina la búsqueda, al contrario, comienza la aventura. La aventura de imitar a Francisco en su seguimiento de Jesús, un Dios mendigo. ¿Hay camino más utópico y apasionante? ¿No es cierto que lo que merece ilusión y ganas tiene su dosis de idealismo?

"Todo es don". Durante este mes, se me repetía constantemente esta letanía. Y lo experimento realmente, con la seguridad de haber sido escogida por lo que soy. No importa con quién esté o qué haya que hacer. El flechazo va al centro de quién soy. Por eso, la alegría es tan expansiva y nace de lo más profundo, de ese cuarto oscuro interno al que no se suele acudir, pero donde se guarda lo más valioso. Aunque con el transcurso de los días, entiendo que toca descender de la montaña de la felicidad para palpar tierra firme, a pesar de que el cielo parezca más lejano. 

Sin embargo, la experiencia se me ha quedado grabada a fuego en la memoria. Y permanece un eco que me enseña a disfrutar de los milagros cotidianos: de los amaneceres tardíos, de la lluvia fina que me empapa cuando regreso del trabajo sin paraguas; de cuidar personas cuyas heridas no me resultan ajenas y de luchar por las causas justas sin perder la paz ni la identidad; de las conversaciones sin trascendencia y de la risa contagiosa de los niños; de las tareas domésticas con música a todo volumen o del relajante tiempo de lectura; del arrullo del río, de los patitos en procesión por la orilla o del recital de poesía que nos brinda este otoño de fantasía. Es imposible no vivir desde esta serena alegría mientras se conserve la mirada agradecida. Esperanza y gratitud son las dos caras de una misma moneda. 

Por último, no se explica este sentimiento de pertenencia, sin Francisco y sin el ensanchamiento de corazón que me provoca desde los inicios oír hablar de él, leer sus escritos o la Regla. Por no mencionar el testimonio de muchos frailes, que hicieron crecer esta semillita franciscana. 

Francisco me ha enamorado, sin ser yo una estudiosa de su figura o su espiritualidad (¡qué más quisiera). No deja de sorprenderme cómo un hombre de la Edad Media tiene tanto que decirme hoy. 

Pero si tuviera que resaltar un aspecto que me encantaría lograr imitar sería ese espíritu de infancia, el ser pobre de espíritu, la simplicidad. Francisco era un hombre simple, un hermano menor en permanente proceso de kénosis. Él se hace pequeñito, evoca la mansedumbre del Cordero, y desde esa posición puede acercarse a todas las personas y a cada una en concreto, de manera preferente a las más vulnerables. Y esa minoridad, también le da una gran libertad interior, le permite ser auténtico, para vivir la pobreza y la verdadera alegría. 

Es un desafío estupendo... Habrá caídas, habrá errores, incluso obstáculos que nunca pueda superar. ¿A quién le importa? Es posible ir por la vida siendo frágil. Es posible vivir en armonía. ¡Vamos, que se puede!!