lunes, 9 de febrero de 2015

Entre el encuentro y la ausencia

A Sergio

Él. Siempre es él. Se asoma a mis pensamientos de puntillas. Sin hacer ruido. Y de pronto su presencia me asusta, incluso me avergüenza. Pero creo que me estoy acostumbrando.

Sólo le he visto una vez. Pero su mirada fue tan auténtica que bastó para que piense en él todos los días, a cada rato. La autenticidad ha pasado de moda y cuando la reconoces en una sonrisa sincera, ya no quieres separarte de ella.

En el autobús busco un rostro similar; entre la gente, un gesto parecido. Camino por las calles intentando hallar entre el deambular de personas sin nombre esa mirada que me proteja del olvido. Pero no la encuentro y es entonces cuando me desespero y mi deseo vuela hasta fusionarse con su recuerdo. Esa mirada oscura, brillante. Mirada humana.
"Me da miedo la enormidad, donde nadie oye mi voz"
Habitaba en las calles, su mundo entre botellas y cartones, envenenado de angustia. En compañía de la soledad y una gratitud eterna, paradógica, reflejada en sus pupilas. Alma de poeta y cuerpo herido de frío y realidad. Sueños de alquitrán. Un buscador, al igual que yo. Una presencia maldita para una civilización en ruinas. Una existencia entre sombras que aquel día iluminó la mía.

domingo, 11 de enero de 2015

El secreto de la mañana

Hoy he conocido la magia de mi ciudad. Veinte años viviendo en ella y apenas había intuido el secreto que encierra.

¿Alguna vez habéis paseado a primera hora de la mañana descubriendo los entresijos y laberintos de aceras y alfalto? Es entonces, -la ciudad despierta- cuando muestra en todo su esplendor los misterios desconocidos por los dormidos. Sus calles desiertas huelen a frío, a brisa... a los pasos recorridos por campesinos y señores a lo largo de la historia, a los besos prohibidos en lúgubres esquinas. Antes de que los comercios levanten sus persianas, la soledad te coge de la mano y te empuja por callejones oscuros con toques hippilonguis y ambientes especiados.

Hoy, el Rincón del Caballo Blanco era un espejismo de sol y silencio, apenas perturbado por paseantes de perros. Desde allí arriba he podido contemplar sin prisas toda la ciudad amurallada. A lo lejos, un ejército de amenazantes nubes negras enviaba ese aliento mensajero de sombrías intenciones a los árboles inquietos. Los montes de los alrededores parecían querer huir de la tormenta sin éxito. Humo y roca quedaban fusionados en una única frontera, en el límite que une cielo y tierra.

Después, mis pasos me condujeron hasta la Catedral, en un alto, presidiendo la capital norteña. Calles que bajan a lo mundano, empapadas por los primeros servicios municipales. Carteles y símbolos independentistas en los balcones que son parte de la cultura popular, me acompañaron en el descenso.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Segundo noviazgo

A Halima
Estoy agotada y con unas ganas enormes de salir a la calle...

Finalmente, mañana pongo en juego un sueño. Un gran sueño. La suerte está echada: oposiciones de Trabajo Social. No sé si aprobaré o suspenderé, pero soy feliz por estas semanas de preparación, de estudio. ¡He disfrutado como una enana! Ya había olvidado lo que es, en verdad, el Trabajo Social. Me ha reconectado conmigo misma, con mi lado más humano y con lo divino que tengo dentro; con mi esencia. Y es que me siento más identificada como trabajadora social que con cualquier otra característica personal. Es mi definición perfecta. ¡Por fin soy comprendida totalmente: en el TS!!!

Había olvidado que ser trabajadora social es ser cirujana social, maestra de habilidades sociales y hábitos saludables, arquitecta de redes de apoyo, dietista de pensamientos positivos, afinadora en relaciones sociales, vidente de corazones, inspectora de lo oculto, madre para much@s, pieza indispensable en los equipos interdisciplinares; nexo, puente, incluso pegamento para unir lo que parecía roto para siempre; es colchón frente al vacío de la soledad y la indiferencia, perito en casos de violencia de género u otros, psicóloga en la acogida. Es ser bombera ante situaciones de emergencia, albañil de nuevas políticas sociales mejores y adaptadas al medio, modelo para l@s demás profesionales, abogada de l@s excluid@s y de las minorías sin derechos en esta “democracia”; enfermera para curar heridas puntuales, oculista para hacer visible lo que preferimos no saber; barrendera, no para tirar nada a la basura, sino para sacar de debajo de la "alfombra", tanta mierda acumulada; crítica de la realidad, creativa de nuevos proyectos; muchas veces cajera, mera expendedora de recursos (una pena), administrativa y economista cuando hay mucho papeleo y no cuadra el presupuesto. Es ser socorrista en la que depositar confianza para salir a flote. Es ser amiga que acompaña.

Vuelvo la vista atrás y sé que si volviera a nacer, estudiaría lo mismo, una y otra vez si pudiera. Estoy completa y apasionadamente enamorada de esta disciplina, de esta ciencia, de este arte, de esta profesión y de este estilo de vida que saca lo mejor de mí, me ayuda a crecer, vence mis peores temores y acentúa mis capacidades, incluso las más escondidas.

Soy otra. Soy la que siempre me gustaría ser. El Trabajo Social siempre ve el lado positivo de la vida y de las personas, siempre tiene esperanzas en el cambio social a todos los niveles, comprende e incita la rebeldía contra las injusticias y tiene en cuenta la perspectiva de género e intercultural. 

Mientras leía y releía los apuntes sentía un gigantesco ensanchamiento de corazón ante cada idea. Había olvidado por qué disfruté tanto la carrera... y ahora, vuelvo a vivir este segundo noviazgo. No sólo aprendí conocimientos técnicos, recuerdo que tenía la sensación de que el Trabajo Social me iba moldeando y haciendo mejor persona. El Trabajo Social y las personas usuarias, claro, l@s ángeles de las aceras, ancian@s, personas con diversidad funcional, inmigrantes, personas con circunstancias perversas que las colocaban en situaciones de extrema vulnerabilidad y que superaban día a día con una fuerza y un tesón ejemplar. (Es emocionante leer mi trabajo de las prácticas y el proyecto de fin de carrera, se nota que creía sinceramente en lo que estaba haciendo)

lunes, 6 de octubre de 2014

Querido Otoño, ¡bienvenido!

El otoño tiene algo placenteramente poético.
Esos días grises en los que el cielo es una lápida de plomo que llora lágrimas de cristal sobre la alfombra de hojarasca pintada de rojos, amarillos y naranjas.

Me fascina contemplar la danza mística de las gotas al caer sobre los charcos formando ondas infinitas; la melodía repiqueteante que inunda el ambiente y el suave aroma a hierba mojada, mensajero de recuerdos infantiles.

A lo lejos, nubes de vapor se fusionan con las montañas. Y poco a poco, el Sol, tímido y vacilante, se desliza entre la bruma para alumbrar con hilos de cobre líquido los cultivos y campos de girasoles, que se vuelven hacia él atraídos por su cálida caricia.